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oct 16, 2009 - Fragmentario    4 Comments

Blog movilizado

El blog en un Nokia N70

El blog desde un Nokia N70

Desde hace unos momentos, este blog puede ser leído desde dispositivos móviles. Basta con ingresar la dirección del blog para poder acceder desde el celular/ palm/ pocket y a los últimos artículos.

Todo gracias a WordPress Mobile Pack.

Y a la tecnología, che, diría mi abuela.

mar 17, 2009 - Prosa    No Comments

Infidelidades por SMS

La mujer se destaca entre la masa de pasajeros que sonríen sentados a la pantalla del celular porque más que sonreír, ríe; y más que pasajera, parece habitante del colectivo. Pulsa las teclas con ambos pulgares, como ahorcando con las manos al minúsculo aparato, con indecible felicidad.

Para mí es todavía más llamativa. Se entiende, estoy mucho más cerca que el resto de los que la miran, embobados y correctos. La miro de a ratos (no es fea, y sus tetas hasta podrían ser lindas), me canso y trato de pensar en otras cosas, cómo en qué escribir para el blog (¡oh, guardián de mi escritura!). No lo logro.

La mujer sigue lanzando carcajadas a ambos costados, se tira de los pelos, exhala libertad, amasija el teclado. La miro a los ojos para comprobar una hipótesis arriesgada: no puede verme. Tampoco ve a nadie más (su mirada es un cuadro de cuatro centímetros por cuatro). Miro a los demás, transpiro, pero tampoco me atienden, aunque sí -con mayor o menor evidencia- siguen interesados en ella y su alegría.

Me acerco un paso y, quebrando lustros de educación en buenos modales, espío groseramente los mensajes que vuelan y arriban con velocidad abrumadora. Distingo claramente “hoy”, “noche”, “trabaja”, “tuya”, “nosotros”, “arriba, abajo”. De las demás palabras sólo percibo los coletazos, los ecos, y las mastico entre cada lectura.

Al final lo descubro y me asusto de estar frente a una clase de mujer que creía extinta: las que engañan a sus maridos con felicidad (y en este caso, con el dulzor de la secreta venganza). Advertí que habría una súplica y una muerte y, lo que es más importante a fin de cuentas, una historia para ser contada.

feb 14, 2009 - Prosa    4 Comments

Delitos menores

Agentes de la Policía Nacional han detenido a un menor que realizó más de 15.000 llamadas a los servicios de emergencia

20minutos

Teléfono público - Francisca Ovalle

Teléfono público - Francisca Ovalle

Cuando era un chico (hablo de once años atrás, en un tiempo prescripto) nos juntábamos cuatro amigos en el parquecito de mi pueblo a beber cerveza y a planificar nuestras vidas. En la vereda nos vigilaba un armatoste gigante muy siglo veinte que se conocía como teléfono público. A veces llamábamos a nuestras novias desde ahí, cuando podían atendernos. Marcelo, que no estaba en pareja, se entretenía en cambio llamando gratuitamente a los bomberos de un pueblo cercano, siempre con emergencias absurdas: “Hola ¡hay un gato volador atrapado en los cables del tendido!”, “Una vieja está surfeando en la terraza de la municipalidad”, “Se inundó la pileta del club”, y otros casos idiotas. El bombero de guardia se reía, se enojaba o lo sermonaba alternativamente mientras nosotros escuchábamos en posiciones imposibles el auricular del teléfono. Lo admirábamos en secreto por su carencia de rencor, su colaboración en las bromas, su pedagogía impasible.

Una noche Marcelo decidió ir más allá, y ocurrió lo impensable. Una sola palabra quebró el pacto, invirtió los lugares y determinó que nosotros nos quedemos con la reflexión de nuestra adolescencia rota, y el pobre encargado con su rutina. Cosas de la comunicación.

-Hola, hay un incendio.
-¿Dónde?
-Acá. ¡Se quema! ¡se quema!
-¿Qué se quema?
-¡Mi culo!
-Ah, bueno, hubieras avisado antes. Tengo una manguera para apagarte el fuego.

dic 27, 2008 - Prosa, Sociedad    3 Comments

La llamada

Día después de Navidad. Suena el teléfono.

-Usted está recibiendo una llamada por cobrar desde un teléfono público. Si desea aceptarla, presione cero. Quien desea comunicarse con usted es…

Silencio. Pienso en cortar, pero luego tendría que cargar con la culpa. ¿Y si no es un error? Presiono cero.

-Buenos días. Me estoy comunicando de Telecom Argentina. ¿Me espera un momento?

-Yo…

-Sí, buenos días, ya estoy con usted. Le decía, soy el gerente comercial de Telecom zona litoral.

-…pensé que era una llamada de cobro revertido.

-Es un error del sistema, todas las llamadas desde la empresa están saliendo con esa introducción en vez de pasar el mensaje de comunicación oficial. Sepa disculpar. ¿Me escucha?

La historia es tan complicada que hasta me parece verosímil. Decido aguantar.

-Lo escucho.

-¿Usted tiene el número X y es el propietario Z? Le explico, entonces. Soy el gerente comercial y lo llamo para anunciarle que fue beneficiado, junto a otros diez usuarios de Corrientes que no tienen deudas con la empresa, con el premio Telecom Navidad. Antes que nada, lo felicito.

-Gracias- contesto rápido.

-Ahora le cuento. El premio consiste en cinco mil pesos en efectivo, tres mil pesos en órdenes de compra y dos mil pesos en crédito para celulares. ¿Me sigue? El total que ganó es de diez mil pesos. ¿Me sigue?

-Lo sigo.

-El premio se hará efectivo en el Banco Nación, caja tres, desde la cuenta corriente de Telecom Argentina. Le digo lo que necesita para cobrar el premio. Eso sí, tiene que ser antes de las dos de la tarde. ¿Tiene algo para anotar?

-Sí.

-Bueno. Fotocopia de primera y segunda hoja del DNI. Una boleta de servicio a su nombre y… ¿usted es cliente de Movistar, no?

-No.

-Ah, tenemos un problema entonces. Espéreme un segundo, voy a hablar con la licenciada para ver si hay forma de que no pierda su premio. ¡Ana!

Al llegar a este punto, ya estoy completamente seguro de que están intentando robarme. No tengo miedo, seguro de no haber dado ningún dato que el ladrón no tenga ya, pero me siento francamente incómodo. Pienso en la voz de joven ejecutivo cordobés que, con total corrección, simpatía y disciplinamiento, cree tenerme en sus fauces. Lo que me inmoviliza está entre la indignación y la curiosidad de ver cómo sigue.

-Ana, acá hay un titular de Corrientes que ganó el premio, su nombre es Z y puede ir a cobrar, pero no es cliente. ¿Qué se puede hacer? Ah. ¿Abrirle una línea? Dale, hago eso.- finge en voz baja pero intencionalmente audible para mí, dirigiéndose a la imaginaria licenciada – ¿Señor?

-Acá estoy.

-El problema es que no le podemos acreditar el premio si no es cliente, porque el crédito es sólo para esta empresa. Y no le podemos entregar sólo la mitada del premio. Pero no se preocupe, podemos solucionarlo rápido.

-¿Cómo podría hacerse?- pregunto con sorna, seguro de que ahora viene el centro de la cuestión.

-No tenemos inconveniente (acabo de consultar) en abrir una línea para que usted reciba su premio, pero voy a necesitar que usted haga la primera recarga. De todos modos, recuperará ampliamente ese crédito ¿no?

-Eso imagino. ¿Entonces?

-Bueno -dice, más inquieto- tendría que pedirle a alguien que vaya a comprar por usted una tarjeta Movistar de veinte pesos y otra Telecom Global de diez pesos. Con eso bastará para abrir una línea a su nombre y usted podrá cobrar hoy mismo su premio.

-Una cosa no me queda clara. ¿Para qué las tarjetas?

-Es que voy a necesitar que me pase los códigos por teléfono, de esa forma vamos a poder abrir una línea de celular con crédito…

-¿Por qué no te vas a la remismísima mierda?

Cuelga él. Vuelve a sonar el teléfono dos veces más, anunciando el cobro revertido. Decido quedarme con la última palabra y no contestar.

Inmediatamente me pregunto si alguien habrá caído. Pregunto al oráculo y, todavía sin poder creer del todo la alevosía de lo que acaba de pasarme, encuentro respuesta.