Tagged with " laicismo"

Y el diablo metió la cola

No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento) sino de una ‘movida’ del Padre de la Mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios” (Infobae)

Si Bergoglio -que la venía jugando de moderado al respecto de los talibanes evangélicos- se largó así, presiento que la ley sale. Más teniendo en cuenta que el Pulpo Paul acaba de pronosticarlo. ¿Ustedes que dicen?


jun 10, 2010 - Copiar/ Pegar    6 Comments

Yo también estoy a favor del matrimonio entre católicos

¡Viva el matrimonio igualitario!

¡Viva el matrimonio igualitario!

Yo tambien estoy de acuerdo con los matrimonios entre católicos …

Estoy completamente a favor del permitir el matrimonio entre católicos. Me parece una injusticia y un error tratar de impedirselo. El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.

Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de caracter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás.

Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos.

¿ Católicos adoptando hijos ? ¡ Esos niños podrían hacerse católicos !

Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.

Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas. También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por “el qué dirán” o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestrucuturadas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familias católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.

Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma, no es más que una forma un tanto ruín de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: Aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia.

Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente del que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: También estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.

Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo de ” ¿ Católicos adoptando hijos ? ¡ Esos niños podrían hacerse católicos ! “.

Veo ese tipo de críticas y respondo: Si bién es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor probabilidad de convertirse a su vez en católicos ( al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad ), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.
Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.

En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitirseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción (…).

Tribuna Libre

abr 19, 2010 - Ensayos y errores, Sociedad    11 Comments

Vivir en Corrientes

La cruz de los milagros

La cruz de los milagros

Hace cinco años emigré del Chaco, provincia de la laica República Argentina, para vivir en el país de Corrientes.

Pese a lo que diga cualquier geógrafo, este suelo que piso circunstancialmente es considerado por sus habitantes un país aparte, idea que puede apreciarse tanto en la voz estridente de Ramona Galarza (Yo, que vengo del país/ de la tierra de San Martín) como en la explicación que me da un remisero sobre la guerra de Malvinas (que enfrentó, como se sabe, a Corrientes y al Reino Unido de Gran Bretaña, contando con algunos aliados menores en cada bando). De a poco, también este chauvinismo se vuelve 2.0.

Que se entienda, entonces: lo que un porteño (enemigo número uno del correntino bien nacido, desde la época de federales y unitarios) llamaría con desprecio provincianismo, en realidad es nacionalismo (por oposición al internacionalismo cosmopolita capitalino). Corrientes está orgullosa de su estirpe, lengua y cultura hispana y guaraní, único mestizaje que aquí se reconoce como puro, pese a la aparente contradicción de términos.

Pero el fenómeno más característico, sin dudas, es el religioso. Si bien en privado la mayoría practica alguna forma de sincretismo (gauchitogiles, sanlamuertes), en público la gente hace parecer a la Ciudad del Vaticano lo que es, o sea, una embajada de la cultura correntina. Cuando llegué me impresionó viajar en colectivo por el centro y ver a la multitud repetir al unísono, ante cada iglesia que cruzábamos, la señal de la cruz. Las exhibiciones de coordinación de grupos que hacen los chinos son juegos de niños frente a esas manos que recuerdan, sin necesidad de mirar por la ventana, en que momento santiguarse.

Una anécdota servirá, probablemente, para reforzar esta descripción.

Segundo día de clases de tercer año, profesora nueva de una materia nueva llamada Historia del Arte. Actividad, analizar un cuadro azteca y otro español para buscar puntos en común. Como las dos obras tienen carácter mítico, recurro a la fenomenología de las religiones (Mircea Eliade) para exponer livianamente una tesis señalando las imágenes de jóvenes dioses murientes y las prácticas caníbales que comparte el cristianismo (bajo la forma de la eucaristía) con las religiones precoloniales y que pueden explicar las coincidencias pictóricas.  Aunque mi tesis es completamente académica, toda la clase me mira hubiera dicho cosas gravísimas. La profesora sonríe y se limita a preguntar: ¿Vos no sos correntino, no?

En general convivo con la moral conservadora de mis vecinos con piedad y cariño (al fin y al cabo, el extranjero soy yo, y sería desagradecido pasármela señalando con el dedo) pero hay hechos que no se pueden callar. No, no es normal que la iglesia sea la que pide explicaciones al Estado cuando un documento oficial no incluye la cruz católica, y mucho menos que la curia amenace con impedir el retiro de símbolos no republicanos. No es sano para la democracia que ante una decisión administrativa los cruzados salgan a anunciar una nueva lucha. A veces los obispos no tienen nada que envidiarle a los ayatolás iraníes, pero eso no significa que haya vía libre para actuar como talibanes. Personalmente estoy a favor de eliminar toda simbología religiosa de las instituciones estatales, pero pienso dar un debate al respecto, no una batalla.

En algún momento la sociedad correntina tendrá que entender que hay un fino límite que separa la identidad cultural del fundamentalismo y que hoy, para desgracia de las ideas republicanas que fundaron el país (que también es Corrientes), se lo está cruzando.

Páginas:12»