Tagged with " fenómenos"
may 18, 2010 - Prosa    8 Comments

El último fan

Punk

"Ironías de la vida rockera"

Era la costumbre. Tocábamos jueves, viernes y sábado, en distintos clubes o bares. Nuestro público estaba formado por furiosos adolescentes que peregrinaban detrás de nosotros, convidándonos con cerveza, arrancándonos promesas de nuevas fiestas en todos los lugares que visitábamos. Al despedirnos el Moro tocaba unos acordes tristes y hacía el mismo chiste malo.

-Nos vemos la semana que viene, a menos que no venga ningún fan.

Cuatro días después, todos estaban. Así, casi una década, lisérgica y bellísima.

Tardamos mucho en notar que algunos de los flacos que lideraban el aguante empezaron a fallar. En poco tiempo las barras más grandes dejaron de estar. El Pelu hizo algo que nunca le perdonamos: fue a hablar con los tipos, los invitó a volver a las giras, les ofreció entradas gratis, se humilló. No hubo caso. Uno se había casado con una testigo de Jehová y estaba más loco que cuando fumaba todo el día. Otro terminó su carrera y tuvo que empezar a trabajar, pero no parecía lamentarse demasiado, o al menos lo disimulaba pavonéandose con los planos que diseñaba para edificios del microcentro. El último se había pegado un tiro al leer una intimación judicial que había llegado a su puerta por error.

La situación se hacía desesperada, pero creímos encontrar la solución. Era cuestión de modernizarse. Seguíamos apuntando a un público que ya había dejado hace lustros la juventud, en vez de cantarle a los actuales rebeldes. Sacamos un nuevo disco prácticamente plagiado de las banditas del momento (lo confieso con pena) y repartimos entradas gratis en los centros de estudiantes de los colegios. Hasta intentamos aprendernos el argot más novísimo, con éxito relativo. Al principio pareció funcionar, no juntábamos ni la mitad de público que antes, pero nuestras expectativas también habían bajado muchísimo. Pronto nos dimos cuenta de que los chicos que nos pedían autógrafos y nos decían que ya éramos parte de la historia nunca más volvían. Es decir, nuestro nuevo público venía sólo para decirnos adiós, para acompañar nuestra ida. Comenzamos a tocar en lugares cada vez más chicos, y al final terminamos regresando al garage en el habíamos debutado cuando apenas pasábamos los veinte años. Ironías de la vida rockera.

Josema estaba demacrado, apocalíptico y canoso. No era para menos: el último recital que nos organizó, muy promocionado en la radio, apenas juntó cinco personas. Propuso con sarcasmo y dulzura hacer caso a la máxima del Moro y retirarnos en el próximo concierto, en el que -nos pronosticó- todos los fans faltarían. No volvimos a ver a nuestro manager. Ni siquiera nos llamó para reclamarnos la plata que nos había prestado, que era bastante. Imagino que fue su regalo de despedida.

Pero no pasó. Un gordito de nuestra edad que siempre estaba en nuestras presentaciones, aunque nunca tuvo valor para acercarse, nos esperaba sentado en el suelo, peinándose la cresta. Tenía la cara alucinada y a todos nos dio un poquito de miedo.

-Toquen- nos pidió, con voz firme.

Tocamos. Cuando llegamos al último tema, el gordito se levantó y se fue sin saludarnos.

La escena se repitió cada jueves, viernes y sábado, durante varios años más. Nunca le preguntamos su nombre, y con el tiempo aprendimos a ignorarlo y a tocar como si estuviéramos ante cientos de oyentes. En medio de esa locura, llegamos a sortear varias remeras de la banda, todas con un único ganador. Llegamos a depender de él, a temer que alguna noche se enfermara y no viniera, y tuviéramos que cumplir la promesa de disolvernos. Pero él, engripado, mojado o insomne, siguió cumpliendo con asistencia perfecta.

El sábado siguiente a que cayeran las torres gemelas nos emborrachamos antes de empezar a tocar. Nos reímos como locos, saltamos toda la noche como en los viejos tiempos. Yo rompí la batería y el Pelu terminó la última canción arrodillado, haciendo sonar la guitarra frente a nuestro fan. Su rostro, pétreo, nos aterrorizó incluso antes de que se pusiera de pie, nos mirara con lástima infinita y nos dijera, sentencioso:

-Ya estamos grandes.

La frase se nos clavó en el corazón como un hierro al rojo. Nuestro último fan cruzaba la puerta, se iba para siempre, llevándose nuestras vidas. Pero pese a lo que sufríamos, juro que lo que siguió no fue planificado. El Moro arrancó la Fender de su soporte, dio dos grandes pasos gritando como un condenado y se la partió al gordito en la cabeza. Lo miramos morirse entre espasmos, como si ocurriera en una película de televisión, mirando con un asco mudo la sangre que bajaba por la alcantarilla.

Cuando llegó la policía habíamos colocado unas sillas alrededor del cuerpo. Fumábamos sentados. El tiempo pasa, y tocar punk a los setenta cansa bastante las piernas.

Anónimos

1. adj. Dicho de una obra o de un escrito: Que no lleva el nombre de su autor. U. t. c. s.

El anonimato es un tema complejo. De hecho, el debate se reedita cada cierto tiempo cuando un blog prohíbe (o permite) las identidades anónimas. Los que no somos anónimos sentimos, en el fondo, que tenemos una desventaja: somos responsables plenamente (e incluso penalmente, para encajar un anagrama) de cada cosa que decimos, hacemos o decimos que hacemos. Contra lo que supone Clarín, la blogósfera es más seudónima que anónima: la mayoría de los autores ofrecen enlaces sociales que revelan qué personas son las que escriben los artículos.

2. adj. Dicho de un autor: Cuyo nombre se desconoce. U. t. c. s. m.

¿Y qué pasa con los seudónimos sin identidad asociada? Creo que tienen derecho a expresarse en las condiciones que eligieron. Argumentarán cuestiones de seguridad, libertad o hasta de estilo. Enfrentarán, en algún momento, la renovada falacia ad nonimem: sus ideas no serán reconocidas porque su autor no es posible de ser reconocido. En general las impugnaciones vendrán de generaciones anteriores. Los jóvenes 2.0 ni siquiera se plantean el anonimato como un problema de legitimidad.

3. adj. Com. Dicho de una compañía o de una sociedad: Que se forma por acciones, con responsabilidad circunscrita al capital que estas representan.

Los grupos econónimos que llamamos medios de comunicación recurren desde que nacieron a las editoriales y artículos escritos desde el anonimato. También son anónimos sus accionistas, y por ende, la sociedad que representan. Anónimas son sus fuentes de información y desinformación.

4. m. Carta o papel sin firma en que, por lo común, se dice algo ofensivo o desagradable.

Los afiches con fotografías de periodistas de TN son absolutamente repudiables, y más por su anonimato que por su contenido (inadecuado, por otra parte, si consideramos que muchos de los imputados son los más moderados frente al gobierno). Las Madres también hicieron su propio afiche y realizarán su propio juicio ético y político al periodismo colaboracionista. ¿Cuál es la diferencia? Pusieron su firma, y con ella, toda la legitimidad que les dan años de luchas y de ideas.

5. m. Secreto del autor que oculta su nombre. Conservar el anónimo.

Uno no debe atreverse a exponer la cara de otro si no pone primero la suya es la máxima que rige la comunicación visual, donde no se toleran las lógicas de internet. ¿Tal vez porque un afiche es un objeto físico y las páginas son virtualidad? No lo sé, pero hay toneladas de peso simbólico de diferencia entre un escrache web y uno en la pared. Es probable que los mensajes en papel, graffitis y carteles se consideren violentos porque son parte de la modernidad, mientras que la nube es básicamente posmoderna, y por ende, de identidades disolutas. Esta es mi tesis, y puede parecer contradictoria, pero sostengo que conservar el anónimo es un privilegio de los comentaristas de blogs y un recurso de escritura literaria que, cuando choca con las paredes, se desarma.

sep 21, 2009 - Política    1 Comment

Todos somos progresistas

Subcomandante Hugo

Subcomandante Hugo

Ahora resulta que la derecha es buena. Combaten el fascismo, quieren acabar con la pobreza, invocan los derechos humanos, promueven la ecología, quieren eliminar el IVA, apuestan a invertir más en educación, intentan ampliar las libertades civiles, trabajan por modernizar el país. Son jóvenes, eficientes, sonrientes, delgados, eficaces, pulcros, libertarios y piolas.

La estrategia no es nueva: ya la practicó la derecha europea en épocas murales, presentándose como una opción progresista (algo que nunca fue, ni será) en oposición a una izquierda conservadora (algo que sí existió, y existe, lamentablemente).

Si no le pedimos a Rafael Correa que repatrie de nuevo a Durán Barba, para 2011 Macri va a dirigir guerrillas en los Andes junto a Biolcatti, el Colo va a fundar una nueva Internacional, Carrió se presentará como la reencarnación de la Pasionaria, Asís será comparado con Rodolfo Walsh y Cleto gobernará como un Olof Palme criollo.

Tantos muertos para descubrir que todos estábamos de acuerdo ¿no? El consenso será absoluto.

Pensar el femicidio

Hoy dice el periódico que ha muerto una mujer (…)

JOAQUÍN SABINA

El caso es tan atroz que parece condenado a ser un policial de la semana, y nada más que eso. Como es natural, la mayoría de los medios rehúyen a profundizar cualquier tema espinoso para lagente, esa misma que se regodea en las cifras de menores delincuentes (porque al fin y al cabo, se sabe que la solución es matarlos a todos) pero se niega a escuchar estadísticas, definiciones o siquiera un editorial demagógico sobre la violencia de género. Al igual que los vecinos que no quisieron escuchar el asesinato de Susana mientras ocurría y prefirieron tranquilizar sus conciencias argumentando que era “sólo una pelea doméstica”. El resultado es otra mujer muerta y una nena de nueve años huérfana y traumatizada de por vida. ¿Se ocupará la tele de ella, al menos para retribuir un poco de rating? Read more »

Edupunk: 20 tesis para los próximos 20 años

Me permito compartir con ustedes (¡viva el conocimiento libre!) una primera tentativa de manifiesto, publicada hace dos días, sobre la filosofía del Edupunk, sus miradas, sus luchas, sus propuestas.

Manifiesto Edupunk

1. La institución educativa ha demostrado ser la institución más conservadora:ha resistido hasta el televisor y la calculadora.

2. La gran mayoría de quienes toman decisiones importantes allí, apenas conoce lo que es internet.

3. Cada vez más, tendremos todas las respuestas al alcance instantáneo de la mano.

4. Quienes tengan, las cada vez más rapidámente viejas “respuestas correctas”, ya no serán los que tengan el poder.

5. El poder se inclinará hacia aquellos que sepan hacer las preguntas “correctas” a cada situación.

6. Aprender no es adquirir conocimientos.

7. Aprender es incrementar la capacidad de conseguir resultados.

8. Tenemos hoy en día, la oportunidad histórica de desinstitucionalizar el aprendizaje.

9. Aprendamos a ver el aprender cómo una actitud superadora ante las circunstancias cambiantes del entorno.

10. Aprendamos a ver el aprender cómo algo natural y espontáneo.

11. Aprendamos a ver el aprender cómo la posibilidad ante situaciones difíciles de la vida.

12. Aprendamos a declarar: puedo aprender, creamos firmemente en ello y actuemos en consecuencia.

13. Edupunk es incontrolable.

14. Edupunk hará de la diversidad cultural, el espejo en el cual mirarnos, para soltar así lo que no nos deja aprender.

15. Edupunk logrará hacerse cargo profundamente de las inquietudes de las personas que quieran aprender, cómo así también de los intereses de las personas que estos edupunkers sirvan de una u otra manera.

16. Edupunk logrará reformar de fondo al sistema educativo, al sentirse este amenazado de muerte.

17. El maestro Edupunk, es el constructor del “puedo aprender” del individuo que tiene a su lado.

18. El maestro Edupunk ha aprendido a construir su “poder aprender”, pero nunca termina de hacerlo.

19. El viaje por la vida sólo muestra nuevos horizontes a aquellos que quieren de verdad aprender.

20. Aprendamos a ver cada día, cada hora, cada minuto, nuevos horizontes y hagamos de la vida una obra única de arte.

Vía: El devenir

Páginas:12»