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oct 18, 2010 - Conversaciones, Educación    5 Comments

La respuesta

Hace un par de meses Adrián, uno de mis alumnos de literatura de quinto, me llamó en el para conversar sobre algo. Me contó que quería filmar un corto y participar del festival de Cortogenia, del que yo había repartido instructivos algunas clases antes y me preguntó si aceptaba hacerme responsable legal del proyecto y acompañar el proceso de producción. Acepté encantado. La idea original de Adrián consistía en un experimento social condicionado que ocurría en un cuarto cerrado. A medida que evaluó la disponibilidad de recursos, las dificultades técnicas y el nivel de actuación que implicaba, se convenció de que era demasiado grande para terminarlo antes de la fecha límite de inscripción. Por chat, me contó el cambio de planes.

-Voy a hacer otra cosa, algo que se pueda filmar en la escuela.

Me extrañó inmediatamente. No me imaginaba a Adrián haciendo una película pedagógico-moralista ni en sueños.

-¿En la escuela? ¿Qué peli querés hacer exactamente?

-Una de psicópatas.

Estallé en carcajadas y prometí encargarme de gestionar en la rectoría la autorización para que pueda moverse con total libertad. Los días siguientes fueron de discusión sobre el guión y la escenas. El equipo ya estaba conformado con Esteban y Ornella como protagonistas, Maira y Gisela como utileras, Redentor de Almas como banda sonora. Una semana después comenzaba la grabación, que se coronaría con doce horas seguidas de edición.

Pocas veces me sentí tan feliz de haberme sumado a iniciativas fuera de cátedra como en el momento de ver el resultado final.

Adrián alojaba grandes preguntas, y surgió La Respuesta. Que la disfruten.

Concilio

Ofertas peligrosas

Ofertas peligrosas

En nombre de los juramentos de ternura,
De los que nadie nos puede desligar,
Y para reconciliarnos
Como en los buenos tiempos de nuestra embriaguez.

Charles Baudelaire, El vino del asesino

En esa época estudiábamos para profesores de literatura. Es decir, éramos pobres, charlatanes y muy borrachos. Comprábamos mercaderías en el Supermercado de la Carne, una especie de gran galpón con precios muy accesibles a nuestros bolsillos. Cada semana, además, había una nueva y única superoferta. Si era de salsas, pasábamos toda la semana comiendo guisos y espaguetis. Si se trataba de alguna verdura, por extraña que fuera, nos convertíamos al veganismo a plazo fijo. Así pasábamos por la semana del atún, la de las arvejas y hasta de la limpieza (¿qué otra cosa puede hacer uno, por más anarquista que se reivindique, con quince litros de desodorante para piso?).

Una mañana entramos, como de costumbre, y Sebastián me tocó el hombro y señaló hacia arriba. Sobre nosotros se alzaba, con imponencia, una torre de babel de cajas de vino. Nuestra fascinación llegó a la cima cuando nos percatamos del precio. La crisis ya había disparado los precios y los vinos empaquetados en tetrabrick más dudosos costaban un mínimo de tres pesos con cincuenta. El que nosotros apilábamos en un changuito oxidado nos exigía apenas ochenta y nueve centavos por litro. Vino fino de mesa Concilio, se rotulaba. Vino de cardenales, de frailes, de catacumbas, bromeábamos.

Esa noche cocinamos, en festejo de nuestra adquisición, unas milanesas con puré instantáneo. Servimos ceremonialmente el tinto en dos copas y brindamos. Un sabor acre me llenó la boca. Era repugnante. Acerqué instintivamente la nariz al líquido y noté que el olor era de una acidez inaguantable, casi apestosa. Pero lo peor llegó segundos después. Una cefalea filosa y repentina me embargó. Mirando la copa, desconsolado, se lo comuniqué a mi amigo.

-A mí también me duele la cabeza. Es imposible, apenas un traguito. Esto es veneno puro.

-¿Y qué mierda hacemos con las diez cajas?

-Cualquier cosa menos tomarlas. Voy a comprar cerveza.

Sebastián volvió en el momento justo en que llamaba un amigo común. Lo atendió.

-No hay problema. Sí. No, no estábamos haciendo nada. ¿Medrano y qué? Ah, en la concha de la lora, vamos a tener que tomar dos colectivos. Tipo doce, ponele. Plata no tenemos, pero llevamos unos cuantos vinos. Listo, nos vemos ahora.

Colgó y me sostuvo la mirada con decisión, leyendo mi reproche.

-Nadie se va a morir. Es feo, pero no está picado ni vencido. Los que ya estén en pedo le van a dar como al agua, y los demás lo mezclarán con coca o lo rebajarán. No seas hinchapelotas, a menos que tengas guita para comprar un fernet.

Me convencí de que los argumentos eran razonables, cargamos las cajas en una bolsa y partimos. El cumpleaños era de un pibe de filosofía al que no habíamos visto jamás, pero estaban todos nuestros compañeros, una banda punk de chicas de quince o dieciséis, dos guitarristas que hacían covers de Sabina y un barbudo que repartía porros que acababan de salir del ladrillo más grande que vi en mi vida.

Las escenas que sobrevinieron son imposibles de contar sin hundir para siempre la casi nula reputación de persona respetable que alguna minoría me adjudica. El único dato de importancia para esta historia es que toda la noche bebimos cerveza, rechazando con cortesía las jarras y vasos de vino que circulaban en los diferentes grupos. Amanecía. Luego de recitar en voz alta unos versos de Las flores del mal delante de las muchachas punk y de un grupo de cineastas amateurs, decidí que era demasiado. Busqué a Sebastián, que dormía en el baño. Le subí los pantalones y lo cargué con ayuda del más fornido de los que estaban en la fiesta. Subimos a un remís y nos acostamos a dormir hasta que la noche llegó de nuevo.

El domingo siguiente el diario titulaba Cuatro muertos por intoxicación con alcohol metílico. El calor subió por mi garganta y no pude relajarme hasta comprobar que ninguno de los fallecidos había asistido a la fiesta. Todos tenían más de cuarenta años. La marca del vino incautado no estaba mencionada, pero ambos vivimos mucho tiempo con la sensación de haber jugado con cometer una masacre. Que la buena suerte, la duda razonable, el tiempo y la confesión pública sirvan para exculparnos.

jun 23, 2010 - Activismo    1 Comment

Juicio a los asesinos de Margarita Belén

Memoria y justicia

Memoria y justicia

El 13 de Diciembre de 1976, en proximidades de la Localidad de Margarita Belén, a un costado de la Ruta Nac. Nº 11, cerca del kilómetro 1042, fueron asesinados veintidós (22) presos políticos por los personeros de la Dictadura Militar en el Chaco. Antes de ser fusilados pasaron por la U 7, la Alcaidía, y la Brigada de Investigaciones, donde fueron torturados brutalmente, en algunos casos casi hasta la muerte. Diecisiete (17) de ellos están plenamente identificados y de los otros cinco (dos mujeres y tres varones) aún hoy no se conocen sus identidades. Los asesinos armaron la farsa del traslado de presos hacia la Provincia de Formosa y ataque subversivo. Sus cadáveres nunca fueron entregados a sus familiares. Los familiares de las victimas siguen buscando sus restos y pidiendo justicia.

Porque muchos no lo saben (las causas por crímenes de lesa humanidad en el interior, pese a la magnitud de muchas, rara vez aparecen en los medios) informo que la causa por la masacre de Margarita Belén está en curso y puede seguirse por el blog La hoja del juicio y castigo, donde  también hay material para promocionar el pedido de justicia. Espero que todos contribuyan informándose, comentando, haciendo visible este proceso para que los criminales terminen condenados por la ley y por toda la sociedad.

feb 19, 2010 - Narrativas pedagógicas    3 Comments

Geografías

Capítulo 3 de un total de 4 en Saquen una hoja
Mundo

Mundo

-Entonces el castellano viene del latín. ¿Y el latín?

-Del castellano -afirma el muchacho.

-Ah, claro. Se van intercalando, uno muere pero reaparece unos siglos después. El eterno retorno. Tus nietos van a hablar latín.

-Exacto -confirma, guiado por el tono llano de la profesora.

-¿Vos podés creer lo que está diciendo? -interviene la tercera docente, mirándome espantada. El chico se da cuenta de que su teoría no despierta aceptación y se retracta. “Una vez que se habló un idioma no vuelve a hablarse nunca”, concluye.

-¿Cómo llega el castellano a nosotros?

Ahora sonríe como si la respuesta fuera tan obvia como para no requerir de la pregunta.

-¿Cómo va a llegar? Ya estaba. ¿Qué iban a hablar si no?

-La profesora te pregunta por qué medio llegó el idioma, desde qué continente que hablaba primero el castellano. ¿Dónde nace el castellano, también llamado español? -intervengo.

-De España.

-Bien, bien. ¿Y en qué continente está España? ¿Cómo descubren los continentes?

Silencio.

-No te gastes, no sabe los continentes -me indica la profesora que se sienta en el otro extremo.

-Esto no es geografía -le cruza, rápido de reflejos, el examinado.

-Pero es parte de la unidad. Para explicar la historia de la lengua tenés que saber un mínimo. ¿En qué continente vivimos, a ver?

Silencio. Me estremece pensar en que un adolescente de dieciséis años pueda no saberlo.

-¿Argentina?

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Perdida, pérdida

Capítulo 2 de un total de 4 en Saquen una hoja
College girl by Tozani

Vía Tozani

-Brauer, Patricia.

La chica de cuarto entró sin mirarnos. Se sentó y empezó, sin anunciar nada, a listar los tipos de sustantivos y adjetivos.

-Eso no es parte del programa de este año -le recordó la profesora, con delicadeza, cuando terminó. Parte de la política de las mesas es no interrumpir el primer tema de examen, que es el que eligen los alumnos.

-Es lo que yo estudié.

-Pero es un tema de primer año. Vos estás por entrar en quinto. Empezá mejor por la novela.

-No leí la novela. No la tengo.

-¿Por qué?

Una pausa. Inspiración. Expiración.

-Porque si no la leí durante el año, no la iba a comprar para leer en las vacaciones.

Hacía que suene lógico.

-¿Y si hablás de alguno de los cuentos? -le pedí, en plan de improbable salvataje.

-No leí los cuentos. No me gustaron, no los entendí y encima los perdí. Pero sé los títulos- añadió, mirándonos por primera vez a la cara por un instante. Inmediatamente volvió a jugar con los pulgares, tejiendo una prenda invisible para váya a saber quién.

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Páginas:12»