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jul 10, 2011 - Fragmentario, Poesía    2 Comments

Soneto a catorce manos

Hace unos días @Metaficticio, gran escritor e ideólogo de los mejores ejercicios literarios de Twitter, me propuso escribir un poema colectivo. Discutimos rápidamente y elegimos la estructura del soneto, una forma ciertamente rígida pero por eso mismo más organizada. También se fijó un tema que evitara la dispersión: giraríamos en torno a la reflexión sobre el destino, la fortuna y el azar. Pensamos en un poema por catorce personas, una por verso, pero de inmediato nos dimos cuenta de que resultaría agotador y desordenado interactuar con un grupo tan grande. Optamos por limitarnos a siete personas, con dos versos a cargo. Los cinco que se sumaron a la tarea son, por cierto, de lo mejor que puede leerse: @TiempoDetenido, @lgpachecos, @hierbadenoche, @chicosintuiter y @cruzarzabal. Varios versos y risas después -porque además de escribir bien, son excelentes compañeros de juego- este fue el resultado. Que lo disfruten tanto como nosotros disfrutamos de hacerlo:

jun 5, 2011 - Microcuentos, Prosa    1 Comment

El general

Una mañana el general sintió que era hora de retirarse. Ya no quedaba nada del peligro moro, la corona ya era libre de su ímpetu fraticida. Esa misma noche en la campaña pidió de rodillas la licencia de su príncipe. Le mostró sus heridas viejas y jóvenes, clamó su edad, alegó incapacidades imaginarias. El príncipe entendió de inmediato que su mejor soldado extrañaba a una mujer, entonces le negó el permiso.

El capitán que lo halló traía noticias de Murcia. Urgió al príncipe a despertarse, pero el príncipe soñaba el sueño de la muerte. El maestre de campo corrió a notificar del regicidio a su general, pero el general no estaba.

Muchos años después, en Almería, me confesó su secreto. Ya iba al final de su vida feliz y a la mitad de su bota de vino. El viejo olía a historia y afuera olía a lluvia.

Recuerdo que tuve el valor de preguntarle. El joven sacerdote que era yo no concebía que el mayor guerrero castellano, el hijo del infanzón, el más fiel vasallo del rey fuera capaz de matar al único heredero.

«En esa época», me contestó, «yo tampoco era un héroe».

nov 8, 2010 - Copiar/ Pegar, Lenguajes    1 Comment

Carta de amor a la RAE

Nuevas reglas, nuevas faltas

Nuevas reglas, nuevas faltas

Acerca de los últimos cambios en la normativa de la Real Academia Española:

(…) Siempre te costó saberme independiente. No puedo olvidar aquella ira contenida que te provocó el pretérito pluscuamperfecto de Andrés Bello. Más aún: que el título del best-seller de los lingüistas decimonónicos fuera Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos asomó lo peor de ti. Siempre lo vi como un malentendido, una coincidencia histórica: no me costaba entender que en ese entonces no te gustara el monema república. Pero creí que las cosas habían cambiado. Disfrutaste al convertir nuestro pasado —más que perfecto— en un ripio. Acusaste el golpe con el tiempo, cuando lo empezaste a llamar antecopretérito: así, burlándote un poquito, a tu aire monárquico, histórico, esdrújulo. “Cuando llegué, ya había muerto”, te dije. Me ignoraste. Pero yo seguía amándote con todas mis fuerzas.(…)

Seguir leyendo en RAE: ésta es mi última carta de amor, de Willy McKey

Arquitextura de la censura

Arquitextos, en la mira de los censores

Arquitextos, en la mira de los censores

La polémica en torno a la publicación, lectura y posterior censura de Arquitextos acabó (¿tengo que empezar a cuidarme de algunos términos?) tomando trascendencia nacional. Manual pedófilo, encabeza la revista Noticias sin darse cuenta de que la cita textual que hace del poema en cuestión desmiente el título. Como si la literatura pudiera servir de manual de algo que no sea más literatura. Pero explicar la autonomía de la ficción o la imposibilidad de hacer lecturas morales de la poesía a la pequeña burguesía de Coronel Du Graty, a los cagatintas de los pasquines o a las burocracias estatales no es tarea fácil. Como dice Alfredo Germignani, está muy en claro que esta gente no lee ni el almanaque.

La versión oficial dice que el libro nunca estuvo destinado a las escuelas. Todo indica que es así, porque surge de experiencias en talleres literarios con adultos para la formación de otros adultos. Aunque el problema político intenta cerrarse torpemente con la expulsión de algunos funcionarios de carrera y la requisa de las obras, a mí me interesa ir más lejos. Creo que el debate que se oculta es más profundo -y peligroso- que el visible.

Imaginemos que sí había partidas asignadas a entregarse en la secundaria. ¿La censura sí se justificaría en ese caso? Entonces tendrán que afilar las tijeras, porque el erotismo atraviesa la literatura desde Safo a Cervantes, desde Nabokov (¿también Lolita será un instructivo de pedofilia?) a Saramago, desde Oscar Wilde a Manuel Puig y desde el poeta del Cantar de los Cantares a Osvaldo Soriano. Todos estos autores pueden encontrarse fácilmente en cualquier biblioteca escolar y los profesores de literatura recurrimos a ellos cotidianamente. Aunque ciertas corrientes de opinión se horroricen, las escuelas no son los templos de asepsia que imaginan, sino lugares de formación ciudadana donde se aprende, se interactúa, se cuestiona. Donde se leen en voz alta las puteadas del Quijote o de Zezé, el protagonista de Mi planta de naranja-lima. Donde se debaten textos políticamente incorrectos, como el cuento de Lugones que compara a los negros con los monos, de la colección ilustrada de La Nación editada conjuntamente con el Ministerio de Educación de la Nación (¿pornografía no, racismo sí?).

La discusión sobre cuáles son los límites de lo legible en las aulas está destinada al fracaso. El mejor ejemplo es el de los cineastas que negociaban con Tato -censor fílmico de la dictadura- y resignaban borrar una teta para incluir una mala palabra, o cambiaban una escena en la cama por un beso con toqueteo furioso. La banalidad es más que una característica de la censura, es el combustible que la origina, la autoriza y la ejercita. La escuela pública -y por tanto republicana, laica e ilustrada- no puede permitirse ningún autoritarismo sin caer definitivamente en la incompetencia y el ridículo.

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