Activismo
No Comments A cuatro años del asesinato de Carlos Fuentealba
Tanto tiempo después, seguimos pidiendo justicia para Carlos y cárcel para Jorge Sobisch y sus esbirros asesinos.
Video-homenaje realizado por los compañeros neuquinos:
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Activismo, Noticias, Política
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Mariano, militante asesinado el día de ayer
El problema no es
repetir el ayer
como fórmula para salvarse.
El problema no es jugar a darse.
El problema no es de ocasión.
SILVIO RODRÍGUEZ
Mariano Ferreyra tenía veintitrés años. Su asesinato a manos de la patota sindical ferroviaria desnudó las gigantescas grietas de la política gremial del oficialismo, uno de los aspectos en que, al contrario de lo que ocurre con los derechos civiles, hace agua. Por vocación de mentir o pura imbecilidad, si somos benévolos, el hecho se agrava con la burda operación de prensa de los comunicadores oficiales para vincular a Duhalde con Pedraza y con militantes más pendientes de las estrategias de Clarín que de condenar un hecho del que nadie los acusa directamente.
La tramoya no hacía falta. Es fácil descubrir que Pedraza, un sindicalista millonario que controla hace décadas los trenes -bondades del peronismo- fue duhaldista, después de ser menemista y antes de ser kirchnerista. El problema no son los patrones políticos, sino las prácticas políticas. No los Zanola, los Pedraza, los Moyano, sino el Estado incapaz de regularlos.
No creo que el kirchnerismo haya ordenado la violencia, ni siquiera que la haya aprobado. No creo ni siquiera que el gobierno de la AUH y el matrimonio igualitario coincida ideológicamente con los sindicatos. Sí creo que el gobierno es negligente y permisivo con la violencia y que, al igual que todos sus antecesores, pacta con grupos violentos para sostenerse en el poder. Y acá esta el problema. La CGT -central sindical con tradición de ultraderecha- viene exhibiendo los revólveres desde siempre. Con la democracia, los casos comenzaron a considerarse aislados, casi nunca mortales, parte del folclore.
La naturalización de la violencia sindical está en estricta relación con la ausencia de una democracia sindical real que acabe con la tradición de secretarios generales eternos y grupos de poder que, sin freno en la búsqueda de acumular poder personal, resuelvan las cosas a los balazos. El problema no termina con la cárcel de los asesinos, sino con la desarticulación de las estructuras jurídicas que permiten el funcionamiento de estas bandas de burócratas.
Mariano Ferreyra tenía veintitrés años.
Noticias, Sociedad
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¿Quién vigila al vigilante?
Ezequiel tenía la vida simple, castigada y alegre de los muchachos del barrio Pío X, periferia de la Corrientes vieja y dormida.
A los catorce años el mundo es una conquista diaria. A Ezequiel debía costarle trabajar por las noches juntando cartón con su padre, en el viejo carro familiar, para después levantarse temprano, desayunar con sus hermanos y partir al colegio. A los catorce años el mundo es una rutina cargada de sueños.
Esa tarde de anteayer se impuso un sol primaveral que dejó atrás las lluvias y la inundación. Ezequiel pidió permiso para ir a jugar a la pelota. Su padre lo autorizó con el gesto automático de los padres, que consiste en ordenar a los hijos portarse bien y volver lo más temprano posible. La cancha de Libertad se llenó de jóvenes, de goles, de alguna falta malintencionada. El partido terminó y todos comenzaron el éxodo celebrando o sufriendo el resultado.
A pocas cuadras las seccionales dos, tres y doce dieron comienzo a su razzia. Los jefes del operativo buscaban a dos jóvenes que habían escapado luego de robar una cadenita de oro a una señora. No sabían nada más sobre ellos. Golpearon puertas y vulneraron patios, gritaron y amenazaron. Los vecinos, acostumbrado a las violentas incursiones de la ley, juraban que los perseguidos no eran de la zona sino del asentamiento La Lata. Sin resignarse, los efectivos se extendieron por las zonas laterales.
Nunca sabremos por qué rasgo, actitud o asociación el policía dio la voz de alto a Ezequiel. Tampoco queda claro si se quedó paralizado o, invadido por el miedo, corrió en busca de su familia. Lo cierto es que se abalanzaron sobre él, lo sometieron y, cuando quedó inmóvil en el piso, lo fusilaron con una itaka, de un balazo en el cuello. Luego lo cargaron en la camioneta, “como una bolsa de papas”, en palabras de su tío, y lo dejaron encerrado durante media hora sin recibir atención de ningún tipo.
Los médicos del hospital pediátrico Juan Pablo II no pudieron hacer nada. Inconsciente y desangrándose, Ezequiel -estudiante, carrero, pobre y adolescente- se murió a los catorce años.
El comisario Tránsito Ramírez habló de falta de coordinación y errores humanos. El ministro Valdés se refirió primero a un hecho desafortunado en el marco de un intercambio de disparos. Cuando la evidencia lo superó -ni siquiera los ejecutores se animaron a fabular tanto- cambió su versión por la de un disparo accidental y recordó, haciendo gala de su amplio conocimiento técnico-criminalístico, que a las armas las carga el diablo. Ninguna autoridad se acercó a la familia para dar explicaciones. Tal vez no sean necesarias.
Copiar/ Pegar, Educación, Noticias
No Comments La directora de un colegio primario de la localidad correntina de Mercedes ordenó que los alumnos de quinto grado en ese establecimiento, arranquen de sus cuadernos de música una página con la letra de la canción “La memoria”, compuesta por León Gieco. La directora de la Escuela 82, Alicia Mónaco, dispuso la medida tras calificar la letra cuestionada de “inapropiada” para los estudiantes, presuntamente debido a la queja de un ex militar, padre de uno de los alumnos, que la calificó como “subversiva”. (…)
(…) Nuestra enana fascista, que con toda seguridad seguirá creciendo, siguiendo los consejos del inefable Pancho Ibañez, tomando todo el danonino necesario, reprime nuevamente al reprimido. El padre militar, que como todos saben, debe ser mas militar que padre, considera que la letra es subversiva. Tiene razón. La derecha siempre tiene razón, pero es una racionalidad represora. La letra subvierte la versión de los genocidas, también conocida como la historia oficial. (…)
Alfredo Grande, Pelota de Trapo
(…) El Ministerio de Educación correntino todavía no dijo nada en relación a este acto de censura, antidemocrático y a favor del olvido y la impunidad.
En forma paralela, en el sur profundo de la provincia de Santa Fe, en la localidad de Melincué, un grupo de chicas y chicos de una escuela pública investigaron los dichos del pueblo en torno a los cuerpos de una pareja de jóvenes revolucionarios que fueron enterrados en el cementerio local. (…)
No queda mucho más que decir: el gobierno debe remover inmediatamente a esta funcionaria por su conducta antidemocrática. Alguien así no puede estar al frente ni siquiera de un aula.