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Una fábrica contaminante a metros de un hospital

Santa Sylvina es el pequeño pueblo del Chaco en que nací y crecí.

La casa de mis padres y mis hermanos está a una cuadra y media del hospital público.

Este hospital, recientemente reformado -prepárense- está enfrente de una desmotadora de algodón que el año pasado cerró por sus altos niveles de toxicidad (los desechos se quemaban junto con el agroquímico que los cubría: imaginen el resultado). Si fuera una noticia de Barcelona, probablemente los voceros de la municipalidad declararían que “de esta manera, los que tienen infecciones pulmonares por el humo de la fábrica pueden llegar en segundos al hospital“. Pueden ver la ubicación de la planta en esta captura de Google Maps.


La desmotadora contaminante

La desmotadora contaminante


Este año la empresa, inexplicablemente, fue reabierta por la misma gestión que la había clausurado. El intendente afirma que ya no es contaminante. Los vecinos y la realidad, sin embargo, dicen otra cosa. Vean el gran informe que realizó Kontrapikado sobre el caso y después me cuentan.

may 7, 2010 - Copiar/ Pegar, Noticias    No Comments

Epic fail

Error de tipeo

Error de tipeo

La Comisión de Valores y Cambio (SEC, por sus siglas en inglés), el organismo regulador del mercado mercado financiero en Estados Unidos, investiga si un desliz tipográfico fue la causa del “ataque de pánico” que vivió el jueves el índice industrial Dow Jones de la bolsa de Nueva York, que cayó más del 9%.

Analistas atribuyeron la volatilidad a la turbulenta situación en Grecia y al miedo al “contagio” a otras economías europeas. Al final, la jornada en el mercado bursátil neoyorkino experimentó un leve repunte y cerró con un retroceso del 3,2%.

La investigación se centra en un operador del Citigroup que, al parecer, al introducir en los sistemas automatizados una oferta de títulos por valor de US$16 millones, tecleó por error una “b” y quedó registrada como US$16.000 millones. En inglés, el “billion” equivale a mil millones.

Artículo de la BBC

Yo me enteré gracias a Tomás

abr 3, 2010 - Fragmentario    No Comments

Algunas noticias sobre los foros

Nuevo diseño de los foros

Nuevo diseño de los foros

Hace unos días tuvimos una seguidilla de intervenciones técnicas, actualizaciones e instalaciones que acabaron por romper el viejo diseño de los foros. Ante la urgencia, cambiamos a uno provisional que terminó por modificarse para ser definitivo. El resultado me conforma, tiene un paquete de íconos desprolijos que me resulta agradable, un panel de control superior que hace más accesibles los lugares y acciones principales y otro debajo de la cabecera, a la derecha, que simplifica muchísimo la búsqueda de información nueva y relevante. Un añadido importante es la posibilidad de cambiar el tamaño de fuente, imprimir o compartir por correo cada tema de discusión. Todavía falta agregar algunas cosas y actualizar otras, pero el resultado actual es casi final. Espero que la mayoría acepte los cambios.

Y ya que estamos, una selección de tópicos para el fin de semana (esto tendría que convertirse en una edición fija): Read more »

mar 15, 2010 - Microcuentos    No Comments

Encuentro

La explosión es terrible. Varios días después, cuando la nube de polvo baja, un hombre y una mujer se hallan en la frontera. Ninguno habla el idioma del otro y todos los traductores han muerto.

La imposibilidad de abarcar Haití

Haití

Haití

La catástrofe unió a tirios y troyanos bajo la bandera de la solidaridad. Su máxima expresión está en la decisión de Cuba de abrir su espacio aéreo a los aviones norteamericanos que llevan ayuda al país devastado (otro dato: Cuba tiene 400 médicos en Haití y otra cantidad similar de profesionales haitianos que estudiaron gratuitamente en La Habana). Trabajadores del petróleo en Venezuela hacen jornadas de trabajo comunitario mientras su gobierno alista buques con comida. Argentina envía sus Hércules, verdaderas ciudades voladoras repletas de insumos sanitarios para su hospital reubicable, uno de los tres que existen en el mundo. Los médicos únicamente están destinados a atender a las once mil personas que les asignaron, pero hacen el mejor uso que jamás se dio de la viveza criolla: deciden regirse por la ley de su país, que obliga a atender a cualquier persona que lo necesita, y prestar ayuda a todos. Un reducido personal de menos de cincuenta personas realiza ochocientas intervenciones en las primeras veinticuatro horas.

Varias estrellas norteamericanas hacen donaciones abultadas y conducen maratones musicales para recaudar fondos. Francia pide al club de París condonar la deuda externa. Las comunidades judías, católicas y protestantes movilizan a sus miembros. Google abre una página que permite buscar o enviar datos sobre personas, actualiza sus mapas para colaborar con los rescates y dona más de un millón de dólares de sus ingresos. Skype libera de costo las llamadas desde Haití, supliendo a las líneas telefónicas destruidas. Youtube jerarquiza videos de promoción de agencias humanitarias. Las donaciones de ciudadanos comunes se incrementan por millones cada minuto que pasa.

El desastre despertó la épica universal de la salvación ajena, tan vieja como el mundo. Por suerte. Pero la realidad que muestran los cables es otra: las buenas voluntades apenas pueden actuar, muy poco coordinadas, en un país que ya no tenía economía ni instituciones y ahora no tiene edificios, ni comida, ni agua. Uno de los pobladores graficó la situación con una frase que seguramente pasará a la historia: Haití ya no existe.

Cuando intentaba comprender la magnitud de algún genocidio, hacía un ejercicio mental. Me imaginaba a una persona única. Luego lo identificaba joven, adulto, con hijos, soltero o separado. Le adjudicaba un carácter, gestos, modos de relacionarse, utopías, proyectos personales. Luego imaginaba diez personas. Treinta. Cien. Quinientas. Mil. Detenía el conteo muy temprano, superado por mi propia limitación.

Los medios hablan de ciento cuarenta mil muertos y cien mil desaparecidos a punto de considerarse muertos. La imposibilidad de abarcar Haití es la mejor excusa para tratar de ayudarlos.

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