Conversaciones, Lenguajes
12 Comments Historia de sordomudos
Ella subió primero, él sacó los boletos, con paciencia, mirando el escote ineludible de la rubia sentada junto a la máquina. La chica se dio vuelta a consultar qué asientos elegir, y lo atrapó.
Con esa alegría maligna que provocan las pequeñas desgracias ajenas, los pasajeros mirábamos como la novia celosa increpaba al muchacho. Tardé unos segundos en darme cuenta de que lo llamativo no era la escena, sino la ausencia de sonidos. La piba dibujó un recorrido con dos dedos entre sus ojos enrojecidos y sus propias tetas, señaló con prudencia en dirección a la rubia y realizó un gesto de asco sobre su flequillo. Rechazó los abrazos del pecador, que no encontraba otro punto de defensa fuera de restarle importancia a las cosas, pestañeando y negando. Cuando intentó mover las manos para decir algo, lo calló regresándole las palmas a los costados.
Así, llegamos al puente y la lucha seguía. Ahora el flaco -que, luego de bancarse todos los discursos indignados, había tomado la iniciativa- exageraba señas y muecas, mientras su interlocutora, impasible, le daba pequeños cachetazos y se tapaba la boca con la mano ante el mínimo intento de beso. Para esa altura todos estábamos más a favor del chico, porque el sentido común dicta que media hora de castigo verbal era algo desproporcionado para cinco segundos de ojos puestos en unas tetas, más allá del debate esencial de si las tetas lo merecían o no. Llegábamos a Corrientes. Mi compañero de viaje me contó algo sobre una imprenta tomada que no alcancé a retener para no perderme esta historia.
Sin avisar, el muchacho hizo retroceder el pie derecho, dibujó una finta en el aire ante la nariz de su sorprendida amada, puso las dos manos en el corazón y se lo ofrendó con las manos juntas y abiertas. Con mucha más furia que la que usaron para pelearse, se besaron. Los mirones nos miramos aliviados y sonrientes, pensando en silencio. Ellos siguieron hablando durante todo el resto del viaje.
Capturas, Noticias
4 Comments Recordando a Massera como se merece
Increíble necrológica del diario Crónica:

Pequeña biografía
Via Mdzol
Activismo, Noticias, Política
3 Comments El problema

Mariano, militante asesinado el día de ayer
El problema no es
repetir el ayer
como fórmula para salvarse.
El problema no es jugar a darse.
El problema no es de ocasión.
SILVIO RODRÍGUEZ
Mariano Ferreyra tenía veintitrés años. Su asesinato a manos de la patota sindical ferroviaria desnudó las gigantescas grietas de la política gremial del oficialismo, uno de los aspectos en que, al contrario de lo que ocurre con los derechos civiles, hace agua. Por vocación de mentir o pura imbecilidad, si somos benévolos, el hecho se agrava con la burda operación de prensa de los comunicadores oficiales para vincular a Duhalde con Pedraza y con militantes más pendientes de las estrategias de Clarín que de condenar un hecho del que nadie los acusa directamente.
La tramoya no hacía falta. Es fácil descubrir que Pedraza, un sindicalista millonario que controla hace décadas los trenes -bondades del peronismo- fue duhaldista, después de ser menemista y antes de ser kirchnerista. El problema no son los patrones políticos, sino las prácticas políticas. No los Zanola, los Pedraza, los Moyano, sino el Estado incapaz de regularlos.
No creo que el kirchnerismo haya ordenado la violencia, ni siquiera que la haya aprobado. No creo ni siquiera que el gobierno de la AUH y el matrimonio igualitario coincida ideológicamente con los sindicatos. Sí creo que el gobierno es negligente y permisivo con la violencia y que, al igual que todos sus antecesores, pacta con grupos violentos para sostenerse en el poder. Y acá esta el problema. La CGT -central sindical con tradición de ultraderecha- viene exhibiendo los revólveres desde siempre. Con la democracia, los casos comenzaron a considerarse aislados, casi nunca mortales, parte del folclore.
La naturalización de la violencia sindical está en estricta relación con la ausencia de una democracia sindical real que acabe con la tradición de secretarios generales eternos y grupos de poder que, sin freno en la búsqueda de acumular poder personal, resuelvan las cosas a los balazos. El problema no termina con la cárcel de los asesinos, sino con la desarticulación de las estructuras jurídicas que permiten el funcionamiento de estas bandas de burócratas.
Mariano Ferreyra tenía veintitrés años.
Noticias
No Comments Ecuador

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, atacado con botellas y gases lacrimógenos al intentar dialogar con los policías sublevados. // Foto: lapatilla.com