Pagando el precio

El viernes los pasillos de la escuela amanecieron empapelados con las listas de becarios que debían pasar a cobrar. Vale decir, casi la mitad del alumnado. Desde hace unos meses, para evitar cualquier especulación, se consigna junto al nombre de los beneficiarios el total del monto: una mayoría cobra una asistencia de trescientos pesos, y otros de seiscientos, de acuerdo al nivel de riesgo de deserción.

Me alegró encontrar que, pese a las catástrofes inminentes que anuncia la prensa, no hubieron bajas en los cursos donde doy clase. Me convenció, de nuevo, que defender al gobierno en cada acción estatista era lo correcto. Me encanté de ver, esa misma tarde, que la izquierda que elegí pensó igual y volvió a tomar la decisión acertada.

Junto con las listas, regresó el debate mensual obligado. Lamentablemente muchas opiniones no suelen diferir de las que se hacen desde fuera de los pasillos. “Eso es asistencialismo”, sentencian varios, con el mismo tono con el que se denuncian los crímenes. “Hoy todos van a tener el celular con crédito”, señalan otros con igual gravedad. “En mi época” -interrumpe alguien, infaltable- “ir a la escuela era para nosotros un beneficio que nos daba la sociedad. Si me decías que en el futuro te iban a pagar por estudiar, no te creía”. Tal vez este último comentario haya sido el más considerable.

En otra época tal vez el estudio era en sí mismo el beneficio. Estudiar, seguir estudiando, o trabajar. Sencillito.

Pero los que rompieron el círculo no fueron los estudiantes, sino la dictadura y los posteriores menemismos. ¿Por qué culpar a la víctima? ¡Neustadt ya murió! (Por suerte)

Hay que empezar por admitir que la escuela no garantiza en este momento muchos beneficios más allá de lo simbólico. En general, no forma para la universidad, y muchísimo menos sirve de puente con el mundo del trabajo. “¿Quién me va a preguntar mi promedio en Instrucción Cívica para contratarme? La escuela educa muy bien, pero para la escuela”, denunciaba con lucidez un alumno desde un artículo del Monitor. Por supuesto, los profesores seguimos insistiendo en que después del secundario hay un mundo mejor, y luego nos preguntamos los fines de semana para qué vivir.

Yo pienso en que lo menos que se puede hacer es pagarles, como compensación de lo que deberán pagar ellos mismos en el sistema que sigue a su egreso. Tenemos que pagar el precio, como sociedad, del monstruo que dejamos crecer las últimas décadas. ¿Alguien pensó saldría gratis? ¿Creyeron en algún momento que el capitalismo salvaje no traería la criminalidad, la desocupación, el vaciamiento cultural?

La clase media (media pelotuda -¡perdón por mi lenguaje castizo de profesor de lengua!-) sigue soñando con un país donde no se paguen impuestos, donde el gas de los barrios cerrados esté subsidiado -pero no la garrafa chaqueña-, donde el colegio privado sea apenas más costoso que la factura de luz, donde no se dedique un centavo a algo tan populista, demagógico y repugnante como la asistencia social, engendro digno de sanitario-comunistas como el montonero Obama (¡renuncie!). Cuando logren recuperar la patria trinitaria del campo, la iglesia y el ejército, cuando haya diálogo y consenso, cuando lo negativo sea no positivo, cuando los desalojos sean regla, cuando quiten las becas y esa mitad de mis alumnos esté en la calle, no se atrevan a salir en la tele quejándose de la inseguridad. También estarán pagando, y mucho más caro, el precio.

5 Comments

  • Casi la mitad del alumnado,no perder, ese detalle Martín.

  • A mi lo que me entristece de ese tipo de comentarios es la confirmación de que nos legaron una sociedad muy egoísta.

    Me produce un enorme rechazo la saña con la cual Clarín maltrata al gremio de los porteros, por ejemplo, culpándolos de los aumentos en las expensas y buscando complicidad en “lagente” para limitarles un derecho, que es el derecho a un salario digno. Y me preocupa terriblemente la complicidad que ENCUENTRA en esa gente.

    Lamentablemente nos han legado una sociedad egoísta, cuyo caballito de batalla es “YO pago MIS impuestos”.

    Salutes.
    .-= Último post de Martín en blog: Un toque de atención para la solución argentina de los problemas [de los empleadores] argentinos =-.

  • Me gustó el artículo, Martín, verdaderamente la educación secundaria hoy, a diferencia de unos años atrás, ya no es el término de algo sino solo un paso obligado para los que deciden “empezar” una vida que no esté condenada al empleo estatal o al rebusque cotidiano. Los chicos de los últimos años de la escuela media, saben que les quedan todavía “muchos, muchísimos años” de estudio o simplemente incertidumbre.

    • Absolutly. Y después dicen que la juventud es más fácil ahora que antes.

      P/D: ¡Ingresaste al blog vía Google! Muy geek lo tuyo :)

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