Narrativas pedagógicas
No Comments Día 5/II: La historia los absolverá
- Prefacio: Residencia en la tierra
- Día 1: Los inquietos y sus inquietudes
- Día 2: Entre la desoxirribosa y la adrenalina
- Día 3: En busca del tiempo perdido
- Día 4: Cambio de sexo
- Día 5: ¡Que ojos tan grandes tienen!
- Día 6: ¿Qué tendrán las princesas?
- Día 7: El gobierno del revés
- Día 8: Crónica de una suerte anunciada
- Día 9: Viaje a las estrellas
- Día 10: Resumiendo
- Intermezzo: Segunda Residencia
- Día 1/II: El extranjero
- Día 2/II: Anarquía en la escuela
- Día 3/II: La escena y los personajes
- Día 4/II: Los siete locos
- Día 5/II: La historia los absolverá
- Día 6/II: Cuando los medios callan, las paredes gritan
- Día 7/II: Las verdades sobre la mesa
- Día 8/II: Final abierto
Tantas veces te mataron, tantas resucitarás
cuántas noches pasarás desesperando
Y a la hora del naufragio y de la oscuridad
alguien te rescatará para ir cantando
LEÓN GIECO
Llego con anticipación al aula, para asegurarme de hallar alumnos. La razón de este cuidado se justifica que el lunes anterior la clase fue suspendida a poco de comenzar por los ensayos de un encuentro de coros y también que afuera (afuera es la calle, la ciudad, la no-escuela) llueve rabiosamente. Sin embargo, no entro sino hasta oír el timbre del recreo. Espero en la entrada -avergonzado, con los pantalones y los brazos completamente mojados, maldiciendo mi reticencia a usar paraguas- hasta que el viento me seca un poco.
Entro al aula con un peinado que el viento moldeó con cierta estética punk y me siento rogando que los pantalones pierdan la humedad antes de que me vea obligado a pararme, algo que ocurre bastante tiempo después. Están presentes menos de la mitad de los alumnos. Comienzo por contar la actividad pasada, que la mayoría no presenció. Anuncio los capítulos que se van a leer en clase y dicto la actividad, con forzada seriedad:
-Lean con atención las acciones y declaraciones que ocurren durante el interrogatorio y el traslado, centrándose en su personaje, con el fin de recabar información útil que, sumada a la que ya tienen, les permita elaborar una defensa oral para exponer ante un tribunal imaginario. Su personaje será juzgado por el cargo de conspirar contra el gobierno de la Revolución Libertadora.
Los alumnos quedan algo extrañados, pero me limito a aclarar la actividad.
-Consiste, en resumen, en hacer de defensores de un juicio que no se hizo. Si bien no podemos corregir la historia, podemos al menos llevarla al terreno de la palabra, de las ideas, de lo posible.
-¿Vamos a exponer ahora?
-Exacto. Tienen veinte minutos. Yo voy a hacer de juez, así que piensen bien sus argumentos.
Comienza la lectura. Continúo sentado mientras respondo preguntas y cuando compruebo que mis vestiduras están secas, me paro por primera vez para hacer un cuadro con un modelo de exposición y una lista de elementos que sirvan a la argumentación. La lectura se interrumpe dos veces con el ruego desesperado de que escuche las anécdotas que vivieron en Bariloche. Soy concesivo, pero exijo también su brevedad.
-El baño era gigante, y totalmente proporcional, igual de todos lados, y como en el medio había una línea de mosaicos diferente, una compañera se paró ahí creyendo que la otra mitad no era baño sino el reflejo de un espejo. ¡Quedó abombada, mirando la pared, sin verse! -cuenta una alumna.
-Y en otro baño, también, estuvimos por romper una canilla, ¡no la podíamos cerrar! Había sido que cuando uno se alejaba se cerraba sola. -añade otra.
-¿Y con tantas bellezas naturales ustedes sólo recorrieron los baños? -pregunto.
-¡No! Tenemos un montón de cosas para contar…
-…luego de clase, -interrumpo- porque se va el tiempo.
Con una extensión de cinco minutos, comienzan las exposiciones. La mayoría de las defensas son encarnizadas, a excepción de dos alumnas que se atrasaron en la lectura y una que no la comenzó. Me ocupo de señalarles (la profesora también lo hace) que las clases también son evaluadas, independientemente del trabajo final. Los demás grupos son prolíferos en razones:
-Nuestro personaje, Livraga, no es acusado de nada en ningún momento. La única razón de que lo detengan es estar en la casa.
-¿Pero por algo en especial estaba, no?- pregunto.
-Para escuchar boxeo. Ni siquiera conocía al dueño de la casa, había ido invitado por otro amigo a último momento. No hay explicación a que no lo hayan liberado.
-No hay nada que pruebe que Nicolás Carranza estaba implicado en el levantamiento. Ni un arma le encontraron.
-Pero él ya estaba en la clandestinidad -señalo.
-Sí, pero por repartir panfletos -argumentan- y no se condena a nadie por eso, ni tampoco por ser peronista.
En ese momento recuerdo que Carranza no sólo será condenado sino también muerto en el fusilamiento. Me pregunto cómo lo leerán luego de enterarse.
-Giunta no ofrece resistencia, pero lo capturan con brutalidad y lo golpean antes de llevarlo. Él ni siquiera estaba en las mesas donde se jugaba a las cartas, con el grupo. Lo único que tenía en los bolsillos era un pañuelo, un paquete de cigarrillos y quince pesos.
-¿Tenía alguna formación militar? -pregunto.
-Era vendedor de zapatos- contestan indignados.
Cuando las exposiciones terminan y quedan apenas quince minutos, los alumnos son autorizados a retirarse por la posibilidad de que la lluvia regrese. La profesora me propone, entonces, pasar las conclusiones a la clase siguiente, para que también los ausentes sepan lo que se trató.
Abandono mi toga imaginaria y felicito a todos los grupos por sus defensas. ¿O debería decir acusaciones? ¿Hay diferencia?