Narrativas pedagógicas
No Comments Día 4/II: Los siete locos
- Prefacio: Residencia en la tierra
- Día 1: Los inquietos y sus inquietudes
- Día 2: Entre la desoxirribosa y la adrenalina
- Día 3: En busca del tiempo perdido
- Día 4: Cambio de sexo
- Día 5: ¡Que ojos tan grandes tienen!
- Día 6: ¿Qué tendrán las princesas?
- Día 7: El gobierno del revés
- Día 8: Crónica de una suerte anunciada
- Día 9: Viaje a las estrellas
- Día 10: Resumiendo
- Intermezzo: Segunda Residencia
- Día 1/II: El extranjero
- Día 2/II: Anarquía en la escuela
- Día 3/II: La escena y los personajes
- Día 4/II: Los siete locos
- Día 5/II: La historia los absolverá
- Día 6/II: Cuando los medios callan, las paredes gritan
- Día 7/II: Las verdades sobre la mesa
- Día 8/II: Final abierto
Si esta cárcel sigue así
todo preso es político.
REDONDITOS DE RICOTA
Sólo hay seis alumnos en el aula, y la profesora tuvo que ausentarse. Formamos una sola mesa compacta y comienzan a contarme con emoción las aventuras de sus compañeros en Bariloche.
-Espero que aprovechen el tiempo que les quede y avancen en la lectura -digo, sardónico.
Los alumnos se ríen y me preguntan, con mucha agudeza, si fui a Bariloche con libros cuando terminé el colegio.
-No fui a Bariloche, pero jamás viajé sin llevar libros. Creo que ni siquiera lo hice en colectivos urbanos, así que lo hubiera hecho sin dudarlo.
Me preguntan si empecé la carrera por esa afición y les contesto que en realidad lo determinante fue mi increíble inutilidad para cualquier otra cosa. Volvemos a las risas y contesto algunas preguntas más sobre mi experiencia con la carrera, los beneficios y dificultades, los requerimientos, el acercamiento a las aulas. Cuando reviso mi secuencia y veo que no incluye la charla de articulación académica con el profesorado que estoy dando, dicto las propuestas y todos comenzamos a leer. Ocasionalmente, miro por sobre mi libro y animo a una alumna somnolienta a mantenerse despierta, al menos hasta que finalice la clase.
Pruebo escribir con el marcador que llevé sobre el pizarrón. Funciona parcialmente: traza sin problemas, pero luego es dificilísimo borrar la marca. Para no dejar una marca definitiva en el aula, improviso con cinta escocesa y hojas de impresora una superficie de escritura y la pego. Animo a los alumnos a dejar sus útiles y traer sus sillas, formando un semicírculo en torno a mi afiche instantáneo. Escribo dentro de formas elípticas conceptos como legalidad, captura, policía, gobierno, etc. Ubicamos todas las lapiceras de color que encuentro (y que aportan las alumnas) sobre un banco, y explico la actividad.
-Quiero que vayan elaborando posibles relaciones entre estos conceptos. Las marcan haciendo líneas entre cada uno y luego explican al resto por qué creen que tienen que ver. No hay un límite determinado de posibilidades, y pueden agregar conceptos si les resulta necesario, para eso dejé más espacio. ¿Comenzamos?
Un alumno toma una lapicera verde y une legalidad con dictadura. Entre ambos conceptos escribe un gran NO, y explica:
-Una dictadura es la ausencia misma de legalidad, porque se forma pasando por encima de la constitución. Por eso se animaban a hacer este tipo de cosas. No sólo estaban violando la ley con sus actos, sus mismos cargos eran ilegales.
La discusión gira luego hacia otras relaciones en torno a la legalidad de la captura, la intervención de militares, la relación militares – policía, la potestad del gobierno sobre la ley marcial y, de vuelta, la legalidad de la ley misma, del encarcelamiento, de la condena sin juicio ni justicia. Cuando la red conceptual se transforma en una peligrosa telaraña interpretativa y multicolor, el fin de la hora logra desenredarnos y rescatarnos.