Día 2/II: Anarquía en la escuela

Capítulo 14 de un total de 20 en Residencia en la tierra

En la plaza de mi pueblo

dijo el jornalero al amo

“Nuestros hijos nacerán

con el puño levantado”.

CANCIÓN ANÓNIMA SOBRE LA GUERRA CIVIL

Entro al salón, saludo a la clase. Me presento leyendo un poema de Juan Gelman para estar a tono con el bloque de literatura argentina:

Referencias, datos personales

A mí me han hecho los hombres que andan bajo el cielo del mundo

buscan el brillo de la madrugada

cuidan la vida como un fuego.

Me han enseñado a defender la luz que canta conmovida

me han traído una esperanza que no basta soñar

y por esa esperanza conozco a mis hermanos.

Entonces río contemplando mi apellido, mi rostro en el espejo

yo sé que no me pertenecen

en ellos ustedes agitan un pañuelo

alargan una mano por la que no estoy solo.

En ustedes mi muerte termina de morir.

Años futuros que habremos preparado

conservarán mi dulce creencia en la ternura,

la asamblea del mundo será un niño reunido.

La lectura es interrumpida en dos ocasiones por alumnos que entran luego del timbre. Cuando finalizo, comienzo por anunciar las actividades y textos del día. Comenzaremos con Roberto Arlt.

Hago algunas preguntas para revisar qué conocimientos tienen los alumnos sobre el contexto histórico de principios del siglo veinte.

-Había mucha inmigración- acierta alguien.

-¿De qué tipo?- lanzo.

-De obreros que escapaban de Europa. Había crisis.

-Es cierto, en su mayoría eran obreros italianos y españoles que buscaban trabajo. ¿Qué ideas políticas tenían?

Al notar que las respuestas mermaban, decido completar los conocimientos que la clase tiene sobre el área económica/ geográfica con un mapa ideológico y social. Lo que en mi secuencia llamé “exponer brevemente”.

Sin embargo, cuando comienzo a narrar las épicas de socialistas y anarquistas en Argentina -uno de mis temas preferidos- quedo atrapado doblemente: por la atención con que la mayoría escucha historias y anécdotas y por mi propio discurso, que parece fluir y sostenerse sobre sí mismo. Fascinado por enfrentarme a uno de los llamados “climas de clase” más positivos que experimenté, cuento con emoción las condiciones de vida de los obreros, la explotación de La Forestal, los levantamientos de peones en la Patagonia, los primeros sindicatos, la influencia de la revolución rusa, los hechos de la Semana Trágica, el nacimiento de los primeros comandos civiles y el primer golpe de Estado, la lucha gremial, las expropiaciones a los ricos, las vindicaciones y atentados del anarquismo individualista. Llego al tema que me interesa: Severino di Giovanni, su obra y la obra que Arlt le dedica en sus Aguafuertes, inmortalizando su fusilamiento.

Cuando termino, la frase “exponer brevemente” ha sido relegada a la categoría de oxímoron personal. Me maldigo internamente por haber vuelto a traicionar mi plan de clase, seducido y traicionado por el conocimiento. Manteniendo la elegancia, mientras reparto las fotocopias, anuncio:

-Y acá termina la vida de Giovanni, pero comienza la literatura. Lean, entonces.

Terminada la lectura, leo en voz alta las propuestas de post lectura, para que los alumnos se dediquen a resolverlas individualmente. De todos modos, no resisten el silencio (o el cansancio) y comienzan a debatir posiciones o a conversar sobre otra cosa. Los invito a seguir trabajando.

La puesta en común resulta más apasionante que el inicio de la clase. Tal vez porque yo me limito a preguntar y comentar, mientras son los propios alumnos -ahora con todas las herramientas necesarias para comprender el texto y su contexto- quienes hacen uso de la palabra.

-Di Giovanni era un revolucionario que murió como vivió, convencido de lo que hacía, solidario hasta el último momento- dice con emoción un alumno cercano al pizarrón.

-Yo no creo que Arlt haya estado de acuerdo con la lucha política o los atentados, sino que sólo estaba en contra del fusilamiento- contrapone una alumna.

-Para mí sí estaba en contra, porque se muestra molesto con la actitud de los ricos que iban a celebrar el fusilamiento vestidos de fiesta- argumenta otra.

-Yo veo la presencia de la ideología -dice una alumna- en las descripciones. Labios finos y extraordinariamente rojos. Frente roja. Mejillas rojas. Ojos renegridos por el efecto de luz. Los colores de las banderas anarquistas.

Cuando restan pocos minutos y aún sigo maravillado por las hipótesis y conclusiones de la clase, recuerdo el plan de clase, que representa en ese momento, siguiendo la mística del tema, la policía pedagógica. Traicionando todo el anarquismo que hasta entonces gobernó el aula, ordeno leer Rodolfo Walsh, el escritor que se adelantó a la CIA, como introducción al segundo autor a tratar.

-Profesor…

-Lean, chicos, al menos hasta que termine la hora.

-Perdone, profe, pero ya terminó.

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