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nov 30, 2009 - Nouvelle    11 Comments

Vidas familiares/ Descargo

Evolución de la novela

Evolución de la novela

Y se terminó la novelita. Nótese el diminutivo, porque de una expectativa de sesenta capítulos que sumasen cincuenta mil palabras, acabamos en treinta capítulos que acumulan 25.015 palabras. Es decir, la mitad de lo planeado. La odisea comenzó una semana antes de noviembre, cuando descubrí el famoso Nanowrimo y me propuse participar. El post en que lo contaba se llamó Buenas excusas, porque eso significó en todo momento para mí: una oportunidad de disciplinar mis escaramuzas literarias en favor de un proyecto integrador. Lo realicé como pude, totalmente consciente de que si la escritura en general es un mecanismo perezoso, como se dice, la mía es especialmente fiaquenta. Apenas pude mantener el ritmo la primera semana, cual gordo de reality show. Pero a diferencia de ellos, que terminan por adquirir una destreza envidiable para cualquier fumador escuálido, mis párrafos se hicieron todavía más lentos. En tren de excusas, no puedo dejar de mencionar que noviembre es el mes más traumático para la docencia en términos de tareas acumuladas: lidié en simultáneo con informes trimestrales, actos de fin de año, glosas, libros de crónicas, calificaciones de toda clase, alumnos en crisis. Escribir a la madrugada luego de haber trabajado todo el día, con cuatro horas de sueño, fue una experiencia alucinante, en todos los sentidos de la palabra y pese a los errores de coherencia y de tipeo que acarreara.

Aunque cincuenta mil palabras parezca un objetivo sencillo (yo lo creí así, y por eso involucré a tanta gente en esta locura: aprovecho para felicitar a Nilda, que con Kandor logró el milagro de superar la marca, venciendo en el concurso) a la hora de las teclas se comprueba la magnitud de la pretensión. No se puede obviar, para establecer una comparación, que una obra como El Principito ronda las quince mil palabras.

Empecé mi relato con una sola imagen: la de un joven que tiene que dejar la casa de sus padres. Se me figuró al azar, junto a dos o tres argumentos mejores que preferí no explotar, ya porque necesitarían de un tiempo de elaboración mayor, ya porque su línea de acciones amenazaba con agotarse en poco tiempo. La técnica de iniciar cada capítulo sin saber que contar puede traer revelaciones (como ocurrió en algunos capítulos) o divagaciones absolutas (como ocurrió en otros), pero sigue siendo enriquecedora en cualquier caso.

El mejor aprendizaje fue, sin dudas, saber que no se necesita de años para escribir un libro. Ahora no me parece excesivo planificar otra novela de mayores dimensiones para las vacaciones (de la que iré publicando fragmentos, lo prometo). El mes literario significó la ampliación del marco de lo posible, y el nacimiento de nuevos planes de escritura.


Ahora, el verdadero descargo: carajo, cómo extrañé hablar de política, de medios, de cultura. Me perdí del affaire Ciro James, de Macri corriendo al kirchnerismo por izquierda con el matrimonio gay, de Clarín matando a Sandro. Por suerte los foros me aliviaron regularmente con sus interminables y deliciosos debates. Con la finalización de Vidas familiares, siento que acabo de recuperar mi propio blog, y pienso divertirme en lo que quede del año recuperando el carácter fragmentario de mis disquisiciones.


Agradezco a todos los lectores gritones y silenciosos que me alentaron a terminar. Para ustedes dedico, con muchos vasos de cerveza, esta historia insomne.