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Día 7/II: Las verdades sobre la mesa

Capítulo 19 de un total de 20 en Residencia en la tierra

La vida no vale nada

cuando otros se están matando

y yo sigo aquí cantando

cual si no pasara nada.

PABLO MILANÉS

Antes de comenzar, me informan que la profesora no va a asistir. Aprovecho el tiempo de recreo para armar -con la colaboración de dos alumnos- una gran mesa rectangular de bancos agrupados. Distribuimos alrededor las sillas.

Comienzo la clase con la devolución que no pude terminar de hacer la clase pasada. Felicito a todos por los afiches y la creatividad con que encararon el trabajo. Luego comenzamos a leer, por turnos, los últimos capítulos de la segunda parte de Operación Masacre. Muchos terminan de conocer la suerte de sus personajes en ese momento.

Al finalizar la lectura, los alumnos hacen algunas conclusiones personales. Les doy la actividad de relectura y pasamos a otro texto: la secuencia final de la película de Jorge Cedrón sobre el libro de Walsh. Doy ejemplos de qué puntos pueden atender a la hora de buscar relaciones entre ambos textos, y nos ponemos a trabajar.

Unas alumnas me cuentan, mientras el resto del grupo termina, que una de sus compañeras tuvo un bebé y que pensaban ir a visitarla.

-Me parece un lindo gesto. Envíenle mis saludos.

En ese momento ingresa al aula la preceptora y, dirigiéndose a los alumnos, les anuncia:

-Está bien, pueden irse media hora antes.

Evidentemente, los hechos están relacionados y no hay vuelta atrás. De todos modos, no se me consulta, así que al retirarse la preceptora, acorto el tiempo de trabajo. Los grupos aceleran la elaboración de notas.

Cuando comenzamos con la mesa de conclusiones y debate, noto que las dos alumnas que me informarom la primera clase que ellas hablaban todo el tiempo se encontraban eufóricas y seguían intercambiando señas y papelitos. Les llamé la atención en dos instancias y luego, cuando escuché que los intercambios pasaban a la verbalidad, intervine con frases al estilo:

-¿Sí, ustedes no estaban de acuerdo, no?

-¿Qué quieren aportar? Díganlo en voz alta.

Inmediatamente me arrepentí, porque las alumnas quedaron muy avergonzadas y se limitaron a quedarse en silencio, sin volver a molestar pero tampoco a participar. Fue el costo de solucionar el problema con rapidez para realizar la actividad sin contratiempos y sin chocar con el timbre, aunque salí convencido de que podría haber encontrado un mejor camino, aún si me costara mayor insumo de tiempo.

El resto del grupo, mientras tanto, llevó a cabo un debate excelente, prácticamente sin intervenciones de mi parte. Una de las primeras diferencias surgió en torno a la implicación de cada autor, cuya distancia era obvia si se considera que Troxler es uno de los sobrevivientes.

-Y Walsh no es ni siquiera peronista- añadió Alejandro.

-Pero él en ningún momento intenta escribir como militante, en todo momento se posiciona como un periodista que quiere denunciar lo que considera un acto criminal- contrapuso Ximena.

Inmediatamente surge la mención de hechos políticos que pasaron entre 1956 (cuando Walsh comienza la investigación ) y 1971 (cuando Cedrón filma la película). La resistencia, el Cordobazo, el ajusticiamiento de Sánchez, Sandoval y Aramburu son mencionados por Troxler no sólo por la diferencia de tiempo, aventuran, sino porque para él son una continuidad, no hechos aislados.

-Troxler tiene un objetivo, que se nombra al final: la patria socialista. Por eso para él un fusilamiento, aunque sea el suyo, es un hecho más de lucha- agrega Moisés, siempre tendiente a la épica política.

-¿Vieron qué dice de los políticos podíamos esperar sólo el engaño? Parece escrito hoy- suma Adrián, desatando una catarata de respuestas en las que prima lo falta de fe en los partidos. Es natural, son los hijos del incendio de 2001 y faltan varios años hasta que se reconstruya ese tejido. También faltaban en el 71.

Surgen otras cuestiones. Walsh menciona a Marcelo como terrorista, no está de acuerdo en ese momento con la lucha armada. Troxler apuesta a la violencia como política de masas, cree que sólo con violencia se puede enfrentar a un ejército torturador y asesino. Sin embargo, los alumnos no encuentran un punto de oposición en este caso, parecen creer que ambos métodos tienen algo de razón. Coinciden en que el peronismo que gobierna desde la vuelta de la democracia no es el mismo que narran los textos. Se comentan la clandestinidad, la debilidad histórica de nuestras instituciones, se discute si un escritor está obligado a tomar posiciones políticas.

Reitero mis saludos al nuevo bebé y a la nueva mamá. Se retiran a toda velocidad, a ver por fin -luego de tanta muerte narrada- un acto de vida.

Día 6/II: Cuando los medios callan, las paredes gritan

Capítulo 18 de un total de 20 en Residencia en la tierra

Lo están gritando

siempre que pueden,

lo andan pintando

por las paredes…

JOAN MANUEL SERRAT

Comenzamos la clase recordando los juicios simulados del anterior encuentro. Animo a los que participaron a ofrecer sus conclusiones a quienes estuvieron ausentes. Dos alumnos cuentan la experiencia.

Señalan como punto recurrente la falta de pruebas, el origen obrero de los capturados y la evidente ilegalidad en la que incurrieron el gobierno y las fuerzas represivas (que, dado el momento histórico, eran la misma cosa). Uno de los alumnos da precisiones sobre la suerte de algunos personajes para ejemplificar sus argumentos.

Cuando todos se encuentran al tanto, anuncio la actividad y anoto en el pizarrón los capítulos que comprende: son los que narran el fusilamiento de los obreros y la huida de los sobrevivientes. El trabajo consiste en que cada grupo represente de forma gráfica estos sucesos en los afiches que les traje.

Dan inicio a la lectura, pero como se encuentran algo dispersos, pongo un plazo de veinte minutos para el visado de los primeros borradores. De a poco, van concentrándose en el trabajo y en poco tiempo estoy entregando los materiales, comenzando por un grupo de alumnas que ya leyó toda la novela.

A medida que veo los borradores y aconsejo o desaconsejo cambios, voy repartiendo los afiches y marcadores. Algunos grupos trabajan sobre mesas unidas, otros directamente sobre el piso. Una minoría decide quedarse en la misma posición de clases normales.

Voy pegando los trabajos terminados. Todos prestan atención a las demás producciones, se acercan, hacen comentarios. La galería parece haber funcionado. Les pido, de todos modos, que expliquen a sus compañeros en forma breve la manera en que trabajaron.

Hay unos infogramas sobre Gavino y su esposa y una historieta minimalista en tres cuadros que cuentan el fusilamiento, la huida y el exilio. Una secuencia simbólica sobre Díaz con transportes, teléfonos, rejas, sonrisas, sombreros. Dos líneas del tiempo con los hechos fundamentales vividos por Rodríguez y Carranza. Una historieta fragmentada con las acciones de Benavídez.

Yamila y Sara representaron a Horacio Di Chiano fingiéndose muerto y a los demás escapando. A la derecha, una cita de la novela explica el cuadro.

Constanza representó el trayecto vivido por Garibotti en dibujos infantiles, donde los fusiladores tienen cejas fruncidas y el gesto serio y los que van a ser fusilados sólo tienen dos largos ojos y se dan la mano. Luego se encuentra narrada su hipótesis: su personaje, supone, no creía que los iban a matar, sino apenas asustarlos. Debajo de todo, el final gráfico habla por sí mismo: las figuras de arriba se encuentran en el mismo lugar, pero muertos.

Alejandro no logró terminar, pero explica su esbozo: es la camioneta y la secuencia de huida de Troxler.

Nadia y Alfonsina dibujaron y pintaron a Mario Brión siguiendo la descripción que Walsh registra del sereno que encontró su cuerpo: Tenía los brazos abiertos a los flancos, rostro ovalado, de cabello rubio y naciente barba, con una mueca melancólica y un hilo de sangre en la boca. Tenía una tricota blanca, era Mario Brión y parecía un Cristo. Todos quedan impactados por el resultado.

Lorena hizo un completísimo cuadro sinóptico sobre la historia de Livraga, que abarca todos los capítulos en que aparece y los relaciona con otros hechos de la novela.

Ximena optó por confeccionar una ficha policial de Carlitos Lizaso. Incluye su nombre, edad, descripción física, personalidad, trabajo, estudios, hobbies, datos adicionales y un informe de sus actividades en los dos días de la Operación Masacre. La parodia -pienso- puede ser una de las mejores condenas.

Cuando el último grupo termina de explicar su trabajo, la hora termina. El salón se vacía y comienzo a despegar los afiches, los miro de nuevo, los guardo. Los llevo conmigo.

Día 5/II: La historia los absolverá

Capítulo 17 de un total de 20 en Residencia en la tierra

Tantas veces te mataron, tantas resucitarás

cuántas noches pasarás desesperando

Y a la hora del naufragio y de la oscuridad

alguien te rescatará para ir cantando

LEÓN GIECO

Llego con anticipación al aula, para asegurarme de hallar alumnos. La razón de este cuidado se justifica que el lunes anterior la clase fue suspendida a poco de comenzar por los ensayos de un encuentro de coros y también que afuera (afuera es la calle, la ciudad, la no-escuela) llueve rabiosamente. Sin embargo, no entro sino hasta oír el timbre del recreo. Espero en la entrada -avergonzado, con los pantalones y los brazos completamente mojados, maldiciendo mi reticencia a usar paraguas- hasta que el viento me seca un poco.

Entro al aula con un peinado que el viento moldeó con cierta estética punk y me siento rogando que los pantalones pierdan la humedad antes de que me vea obligado a pararme, algo que ocurre bastante tiempo después. Están presentes menos de la mitad de los alumnos. Comienzo por contar la actividad pasada, que la mayoría no presenció. Anuncio los capítulos que se van a leer en clase y dicto la actividad, con forzada seriedad:

-Lean con atención las acciones y declaraciones que ocurren durante el interrogatorio y el traslado, centrándose en su personaje, con el fin de recabar información útil que, sumada a la que ya tienen, les permita elaborar una defensa oral para exponer ante un tribunal imaginario. Su personaje será juzgado por el cargo de conspirar contra el gobierno de la Revolución Libertadora.

Los alumnos quedan algo extrañados, pero me limito a aclarar la actividad.

-Consiste, en resumen, en hacer de defensores de un juicio que no se hizo. Si bien no podemos corregir la historia, podemos al menos llevarla al terreno de la palabra, de las ideas, de lo posible.

-¿Vamos a exponer ahora?

-Exacto. Tienen veinte minutos. Yo voy a hacer de juez, así que piensen bien sus argumentos.

Comienza la lectura. Continúo sentado mientras respondo preguntas y cuando compruebo que mis vestiduras están secas, me paro por primera vez para hacer un cuadro con un modelo de exposición y una lista de elementos que sirvan a la argumentación. La lectura se interrumpe dos veces con el ruego desesperado de que escuche las anécdotas que vivieron en Bariloche. Soy concesivo, pero exijo también su brevedad.

-El baño era gigante, y totalmente proporcional, igual de todos lados, y como en el medio había una línea de mosaicos diferente, una compañera se paró ahí creyendo que la otra mitad no era baño sino el reflejo de un espejo. ¡Quedó abombada, mirando la pared, sin verse! -cuenta una alumna.

-Y en otro baño, también, estuvimos por romper una canilla, ¡no la podíamos cerrar! Había sido que cuando uno se alejaba se cerraba sola. -añade otra.

-¿Y con tantas bellezas naturales ustedes sólo recorrieron los baños? -pregunto.

-¡No! Tenemos un montón de cosas para contar…

-…luego de clase, -interrumpo- porque se va el tiempo.

Con una extensión de cinco minutos, comienzan las exposiciones. La mayoría de las defensas son encarnizadas, a excepción de dos alumnas que se atrasaron en la lectura y una que no la comenzó. Me ocupo de señalarles (la profesora también lo hace) que las clases también son evaluadas, independientemente del trabajo final. Los demás grupos son prolíferos en razones:

-Nuestro personaje, Livraga, no es acusado de nada en ningún momento. La única razón de que lo detengan es estar en la casa.

-¿Pero por algo en especial estaba, no?- pregunto.

-Para escuchar boxeo. Ni siquiera conocía al dueño de la casa, había ido invitado por otro amigo a último momento. No hay explicación a que no lo hayan liberado.

-No hay nada que pruebe que Nicolás Carranza estaba implicado en el levantamiento. Ni un arma le encontraron.

-Pero él ya estaba en la clandestinidad -señalo.

-Sí, pero por repartir panfletos -argumentan- y no se condena a nadie por eso, ni tampoco por ser peronista.

En ese momento recuerdo que Carranza no sólo será condenado sino también muerto en el fusilamiento. Me pregunto cómo lo leerán luego de enterarse.

-Giunta no ofrece resistencia, pero lo capturan con brutalidad y lo golpean antes de llevarlo. Él ni siquiera estaba en las mesas donde se jugaba a las cartas, con el grupo. Lo único que tenía en los bolsillos era un pañuelo, un paquete de cigarrillos y quince pesos.

-¿Tenía alguna formación militar? -pregunto.

-Era vendedor de zapatos- contestan indignados.

Cuando las exposiciones terminan y quedan apenas quince minutos, los alumnos son autorizados a retirarse por la posibilidad de que la lluvia regrese. La profesora me propone, entonces, pasar las conclusiones a la clase siguiente, para que también los ausentes sepan lo que se trató.

Abandono mi toga imaginaria y felicito a todos los grupos por sus defensas. ¿O debería decir acusaciones? ¿Hay diferencia?

Día 4/II: Los siete locos

Capítulo 16 de un total de 20 en Residencia en la tierra

Si esta cárcel sigue así

todo preso es político.

REDONDITOS DE RICOTA

Sólo hay seis alumnos en el aula, y la profesora tuvo que ausentarse. Formamos una sola mesa compacta y comienzan a contarme con emoción las aventuras de sus compañeros en Bariloche.

-Espero que aprovechen el tiempo que les quede y avancen en la lectura -digo, sardónico.

Los alumnos se ríen y me preguntan, con mucha agudeza, si fui a Bariloche con libros cuando terminé el colegio.

-No fui a Bariloche, pero jamás viajé sin llevar libros. Creo que ni siquiera lo hice en colectivos urbanos, así que lo hubiera hecho sin dudarlo.

Me preguntan si empecé la carrera por esa afición y les contesto que en realidad lo determinante fue mi increíble inutilidad para cualquier otra cosa. Volvemos a las risas y contesto algunas preguntas más sobre mi experiencia con la carrera, los beneficios y dificultades, los requerimientos, el acercamiento a las aulas. Cuando reviso mi secuencia y veo que no incluye la charla de articulación académica con el profesorado que estoy dando, dicto las propuestas y todos comenzamos a leer. Ocasionalmente, miro por sobre mi libro y animo a una alumna somnolienta a mantenerse despierta, al menos hasta que finalice la clase.

Pruebo escribir con el marcador que llevé sobre el pizarrón. Funciona parcialmente: traza sin problemas, pero luego es dificilísimo borrar la marca. Para no dejar una marca definitiva en el aula, improviso con cinta escocesa y hojas de impresora una superficie de escritura y la pego. Animo a los alumnos a dejar sus útiles y traer sus sillas, formando un semicírculo en torno a mi afiche instantáneo. Escribo dentro de formas elípticas conceptos como legalidad, captura, policía, gobierno, etc. Ubicamos todas las lapiceras de color que encuentro (y que aportan las alumnas) sobre un banco, y explico la actividad.

-Quiero que vayan elaborando posibles relaciones entre estos conceptos. Las marcan haciendo líneas entre cada uno y luego explican al resto por qué creen que tienen que ver. No hay un límite determinado de posibilidades, y pueden agregar conceptos si les resulta necesario, para eso dejé más espacio. ¿Comenzamos?

Un alumno toma una lapicera verde y une legalidad con dictadura. Entre ambos conceptos escribe un gran NO, y explica:

-Una dictadura es la ausencia misma de legalidad, porque se forma pasando por encima de la constitución. Por eso se animaban a hacer este tipo de cosas. No sólo estaban violando la ley con sus actos, sus mismos cargos eran ilegales.

La discusión gira luego hacia otras relaciones en torno a la legalidad de la captura, la intervención de militares, la relación militarespolicía, la potestad del gobierno sobre la ley marcial y, de vuelta, la legalidad de la ley misma, del encarcelamiento, de la condena sin juicio ni justicia. Cuando la red conceptual se transforma en una peligrosa telaraña interpretativa y multicolor, el fin de la hora logra desenredarnos y rescatarnos.

Día 3/II: La escena y los personajes

Capítulo 15 de un total de 20 en Residencia en la tierra

Aquellas banderas/

de la patria de la primavera.

JOAQUÍN SABINA

Comenzamos reflexionando entre todos sobre la lectura pasada. Destaco especialmente las hipótesis y posiciones que elaboraron, a modo de incentivo. Aprovecho para recomendar otras obras de Arlt y luego una alumna lee en voz alta, por pedido mío, Rodolfo Walsh, el escritor que se adelantó a la CIA, de Gabriel García Márquez. Al comentar la crónica, algunos de los alumnos se muestran extrañados por el hecho de que un intelectual pueda dedicarse a cosas tan temerarias como el contraespionaje y las operaciones de inteligencia.

-En las revoluciones -intento explicar- este estado de excepción y distorsión es la normalidad. El realismo mágico, la literatura de no ficción que inaugura Walsh y el nuevo periodismo nacen en ese contexto, intentan narrar esa mirada épica y trágica sobre la historia que primó en la segunda mitad de siglo veinte. Eduardo Galeano cuenta que durante el sandinismo, en Nicaragua, pudo escuchar un diálogo ejemplificador. Un soldado comentaba a otro la amenaza de la invasión estadounidense. Su compañero, indignado, preguntó por qué razones, entonces, el gobierno revolucionario no ordenaba invadir Estados Unidos para tomarlos por sorpresa y desbaratar el plan. El otro, espantado por la idea, objetó: ¿Estás loco? ¿Dónde vamos a meter tanto preso?

Otra alumna comienza con la lectura de Tabú y mito, la célebre reseña de Osvaldo Bayer sobre Operación Masacre, como acercamiento a la dimensión autoral, política y literaria de la obra. A eso sumo algunos detalles sobre la estructura, el género que inaugura y los avatares de publicación del libro. Creyendo en la suficiencia de la información de prelectura, anuncio la actividad.

-Mi propósito es llevar a cabo la lectura de la forma más comprometida y espero, más interesante que sea posible. Quiero que formen doce grupos y que cada uno “apadrine” a uno de los doce personajes iniciales del libro. Tendrán que hacer notas y recabar información sobre él a medida que leen, y todos los trabajos de aplicación y comprensión se van a hacer centrados en eso.

Reparto los nombres y dicto las primeras propuestas. Los alumnos, luego de algunas consultas, se dedican a resolverlas.

Una alumna me llama para presentarme el primer inconveniente general: la clase siguiente, y por dos semanas, la mayor parte del curso va a estar de viaje de estudios. Consulto a la profesora y convenimos en que lo mejor será ir añadiendo las actividades en un trabajo de entrega posterior, de forma que las presencias y ausencias no pongan en desventaja a ningún alumno. Así lo anunciamos.

Al hacer la puesta en común, cada grupo narra la composición familiar de su personaje, su rutina, su barrio, su profesión, sus rasgos personales y relaciones. El último grupo concluye junto a la última hora. Es la primera de mis clases en que el tiempo previsto coincide exactamente con el real. ¿Me estaré volviendo eficiente?

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