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Moda escolar

VICERRECTOR: No, te llamaba porque el rector te vio dando clases el otro día y me pidió que te diga que vengas más presentable.

MARTÍN: ¿Eh?

VICERRECTOR: Claro, que si traés camisa la uses adentro del pantalón, que dejes de usar remera y vaquero…

MARTÍN: (…)

VICERRECTOR: Por lo menos chomba, no sé, y menos zapatilla. Avisale que ya no es un estudiante, eso dijo.

MARTÍN: Cuac (Se me pegó el cuac, no logro sacármelo).

VICERRECTOR: No sé, de a poquito vas a poder ir cambiando. Igual, el entendió que vos ya sos así, yo le expliqué cuál es tu onda, que no vas a cambiar de un día para otro.

MARTÍN: (…)

VICERRECTOR: Bueno, fijate vos, a mí la verdad no me importan estas cosas, pero…

MARTÍN: No, está bien.

VICERRECTOR: ¿Está bien?

MARTÍN: Está bien que me lo hayas comunicado, aunque -para serte sincero- no pienso darle mucha pelota.

VICERRECTOR: (Contra todo lo esperable, sonriendo y con una mirada de cariño) Yo hice lo mismo cuando empecé. A mí me habló directamente el rector, mal. Le dije que no era un maniquí para que me esté vistiendo, y que la escuela tiene mayores problemas que si yo me peinaba más o menos. Vos sólo te vas a dar cuenta cuándo te quede mal.

MARTÍN: Perfecto, entonces. ¡Nos vemos!

VICERRECTOR: (Exultante) ¡Nos vemos mañana!

Celeste y blanco

Celeste escucha atenta mientras explico qué son los preguntas retóricas, los contraargumentos, las citas de autoridad, las metáforas. El pizarrón oscuro, a medida que escribo, se va llenando de blanco. Blancos los semblantes de los alumnos -Celeste entre ellos- que participan nerviosos por primera vez del concurso de oratoria. Blanca la hoja de Celeste, que decidió hablar sin hacer apuntes durante la hora reglamentaria de preparación. Blancos los rostros de los profesores al escuchar el discurso de Celeste sobre el grafitti francés “Abrí los ojos, apagá la televisión”.

La televisión trata de hacernos creer que somos libres de interpretar y de estar de acuerdo o no sobre un tema. Sin embargo, siempre nos están guiando. Por ejemplo, cuando hay cortes de calle, los noteros entrevistan a los automovilistas, que -por supuesto- están enojados porque no pueden pasar. ¡Nunca le preguntan a los manifestantes por qué razón están ahí! Lo mismo pasa en los paros. Entonces, vemos una sola parte de la realidad, la que nos quieren mostrar, y buscan que pensemos como vemos (porque si muestran sólo la opinión de los que sufren el corte, tenemos que pensar que los equivocados son los que protestan ¿no?).

A la televisión no le gusta que seamos libres. En eso se diferencia de los libros, que tienen puntos de vista ¿cómo se dice? más complejos, más inteligentes. Por eso tuvimos una dictadura que quemaba libros y no cerraba canales. Por eso no tenemos que olvidar que en nuestro país se torturaba, se asesinaba y se desaparecía a las personas que actuaban y pensaban distinto. Hoy tenemos democracia pero todavía tratan de decirnos cómo hay que pensar.

Verdades adolescentes

Una de las cosas que más disfruto de mis alumnos es escuchar sus lecturas de la realidad y encontrarme aprendiendo de ellos. Viajo en el colectivo, regresando de la primer mañana de vuelta a clases y pensando en dos definiciones de lucidez maravillosa.

Orlando, luego de la bajada de línea ministerial sobre las medidas de precaución frente a la epidemia:

Nos echaron la culpa por el estado de los baños, el hacinamiento en el aula y de no abrigarnos lo suficiente. Un rato más, y nos acusaban de inventar la gripe.

Victoria, luego de leer éste cuento y debatir sobre el amor en tiempos del cólera la gripe:

El amor verdadero existe. Lo que ya no existe son las personas.

En torno a Juana

Juana se acerca por tercera vez, abre las alitas, me entrega la hoja. Otra vez hay errores en el ejercicio, pero menos. Juana está entrenada en la táctica de probar todas las variantes posibles en un cuestionario hasta dar con la respuesta. Para ella, tantear como un ciego es más fácil que comprender el mecanismo. La desnutrición de Juana me lleva doce años de ventaja y yo apenas tengo mis palabras torpes de felicitación y aliento en cada paso, mis explicaciones con ejemplos, el tiempo especial, todas las clases, para Juana.

En tiempos de condenar niños, yo reclamo sabar quién la condenó a ella y quiénes harán, cuando se conozcan sus jueces, una marcha en su nombre.

nov 13, 2008 - Narrativas pedagógicas    4 Comments

Día 8/II: Final abierto

Capítulo 20 de un total de 20 en Residencia en la tierra

Yo quise imaginarme,

como tú en tu canción,

extintas la avaricia,

el hambre, la codicia,

la guerra y la ambición..

LUIS EDUARDO AUTE

Al escuchar el inicio del recreo, entro rápidamente, saludo a mi profesora de residencia y entro al aula a reconstruir la galería de afiches. Los alumnos se acercan y colaboran con la pegatina. Momentos después del comienzo de hora, cuando también se suma la profesora de curso, todo parece estar en su lugar. Sin embargo, cuando apenas me dispongo a resumir las conclusiones del debate, uno de los afiches se despega y cae sobre las dos profesoras observantes. Moisés colabora volviéndolo a pegar mientras mis nervios se multiplican.

Me centro en los acuerdos y discusiones surgidos de la actividad anterior, recordando en forma general las intervenciones. Cuando comienzo a relacionarlas con los fundamentos de la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, el mismo afiche vuelve a caerse. Entro en pánico considerando la posibilidad de que las profesoras crean que en realidad el episodio también está planificado. Sin embargo, la profesora de residencia sonríe y comenta su relación parental con el personaje sobre el que se graficó el afiche inoportuno: llevan el mismo apellido.

Explico el concepto, las características y las razones de las cartas abiertas haciendo un esquema en el pizarrón. Luego una de las alumnas inicia la lectura de la carta de Walsh.

La profesora de residencia me señala que una alumna se encuentra recostada en el banco, en posición de dormir. Es la misma a quien la clase pasada tuve que poner en evidencia para lograr silenciar. Mientras me acerco, elijo la mejor variante que encuentro para no cometer el mismo error y volver a humillarla.

-¿Estás bien?

-Ah. Sí, sí, estoy bien, no pasa nada- dice, sonriendo.

La lectura termina sin más contratiempos.

Los alumnos tienen varias preguntas sobre el texto. Las hacen, y trato de responderlas en detalle. Cuento el trabajo periodístico de Walsh en la clandestinidad, la fundación de ANCLA y la forma en que se obtenía la información. Alguien pregunta en qué momento se publicó.

-Tiene la fecha debajo. 24 de marzo de 1977, a un año del golpe. Lo que me gustaría que busquen es la fecha de fallecimiento de Walsh.

-25 de marzo de 1977. Al día siguiente.

Asiento, midiendo el silencio que sobreviene. Cuento, entonces, de qué manera Walsh fue asesinado. También me veo obligado, por una mención, a contar la muerte de su hija. Intentando llegar a la actualidad con la proyección de las denuncias de Walsh, les señalo su hipótesis de que el peor genocidio era el venidero, no el físico, sino el económico. Varios sonríen, reconociendo las predicciones como correctas.

Una vez intercambiadas las lecturas, pasamos a la actividad de producción de cartas abiertas. Como las horas finales no parecen ser una fuente de inspiración, las profesoras me sugieren anotar temas probables en el pizarrón para evitar la fuga del tiempo. Mientras listo varios ejes, escucho que un grupo discute sobre el examen de matemática. Lo añado como tema posible.

Mientras trabajan, doy mi último recorrido por el aula. Me detengo especialmente frente a las alumnas sobre las que escribí en mi primera observación que “(…) hablan mucho: hablan de amistades, de salidas, pero también de Messi, Riquelme, las olimpíadas de Beijing…” y con las que terminé enfrentado. Están escribiendo y me hacen algunas consultas. Incluso la alumna durmiente (ya despierta) bromea sobre los floggers, a quien piensa dedicar su carta.

-Arre, carita ruborizada- comento, nombrando los dos grandes lugares comunes del dialecto fotolog y desatando las risas del grupo. Al menos no parecen quedar rencores insalvables.

En la puesta en común, dos alumnos se animan y leen sus cartas, una destinada a concienciar al Ministerio de Educación sobre la violencia en las aulas (no deja de ser paradojal, creyendo que debería ser el Ministerio quien llame la atención a los alumnos) y otra convocando a la unidad nacional y a la defensa del medio ambiente. Una alumna del grupo con el que acabo de reconciliarme, sin embargo, se lleva toda la atención.

Sin animarse a leer, pasa su carta a otra compañera, que comienza leyendo:

-Carta abierta a mis amigas…

Lo que sigue es una descripción de recuerdos, experiencias, lealtades construidas en toda la secundaria. En pocos minutos, la autora se encuentra llorando y sus amigas se muestran visiblemente emocionadas. Aplaudo y celebro el compromiso puesto en la amistad que construyeron.

Agradezco a los alumnos y a la profesora de curso por el espacio, la atención y la comprensión que tuvieron. Leo la poesía Muchas Gracias, de Paco Urondo, contándoles antes de qué forma su vida y su final se unieron a Walsh. Al terminar, aplauden ellos. Escucho algunos comentarios de alumnos sobre las lecturas y, finalmente, la música termina y el público se retira. Yo también.

Aquí finaliza mi residencia en la tierra. Gracias a quienes la acompañaron y compartieron.

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