Yo quise imaginarme,
como tú en tu canción,
extintas la avaricia,
el hambre, la codicia,
la guerra y la ambición..
LUIS EDUARDO AUTE
Al escuchar el inicio del recreo, entro rápidamente, saludo a mi profesora de residencia y entro al aula a reconstruir la galería de afiches. Los alumnos se acercan y colaboran con la pegatina. Momentos después del comienzo de hora, cuando también se suma la profesora de curso, todo parece estar en su lugar. Sin embargo, cuando apenas me dispongo a resumir las conclusiones del debate, uno de los afiches se despega y cae sobre las dos profesoras observantes. Moisés colabora volviéndolo a pegar mientras mis nervios se multiplican.
Me centro en los acuerdos y discusiones surgidos de la actividad anterior, recordando en forma general las intervenciones. Cuando comienzo a relacionarlas con los fundamentos de la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, el mismo afiche vuelve a caerse. Entro en pánico considerando la posibilidad de que las profesoras crean que en realidad el episodio también está planificado. Sin embargo, la profesora de residencia sonríe y comenta su relación parental con el personaje sobre el que se graficó el afiche inoportuno: llevan el mismo apellido.
Explico el concepto, las características y las razones de las cartas abiertas haciendo un esquema en el pizarrón. Luego una de las alumnas inicia la lectura de la carta de Walsh.
La profesora de residencia me señala que una alumna se encuentra recostada en el banco, en posición de dormir. Es la misma a quien la clase pasada tuve que poner en evidencia para lograr silenciar. Mientras me acerco, elijo la mejor variante que encuentro para no cometer el mismo error y volver a humillarla.
-¿Estás bien?
-Ah. Sí, sí, estoy bien, no pasa nada- dice, sonriendo.
La lectura termina sin más contratiempos.
Los alumnos tienen varias preguntas sobre el texto. Las hacen, y trato de responderlas en detalle. Cuento el trabajo periodístico de Walsh en la clandestinidad, la fundación de ANCLA y la forma en que se obtenía la información. Alguien pregunta en qué momento se publicó.
-Tiene la fecha debajo. 24 de marzo de 1977, a un año del golpe. Lo que me gustaría que busquen es la fecha de fallecimiento de Walsh.
-25 de marzo de 1977. Al día siguiente.
Asiento, midiendo el silencio que sobreviene. Cuento, entonces, de qué manera Walsh fue asesinado. También me veo obligado, por una mención, a contar la muerte de su hija. Intentando llegar a la actualidad con la proyección de las denuncias de Walsh, les señalo su hipótesis de que el peor genocidio era el venidero, no el físico, sino el económico. Varios sonríen, reconociendo las predicciones como correctas.
Una vez intercambiadas las lecturas, pasamos a la actividad de producción de cartas abiertas. Como las horas finales no parecen ser una fuente de inspiración, las profesoras me sugieren anotar temas probables en el pizarrón para evitar la fuga del tiempo. Mientras listo varios ejes, escucho que un grupo discute sobre el examen de matemática. Lo añado como tema posible.
Mientras trabajan, doy mi último recorrido por el aula. Me detengo especialmente frente a las alumnas sobre las que escribí en mi primera observación que “(…) hablan mucho: hablan de amistades, de salidas, pero también de Messi, Riquelme, las olimpíadas de Beijing…” y con las que terminé enfrentado. Están escribiendo y me hacen algunas consultas. Incluso la alumna durmiente (ya despierta) bromea sobre los floggers, a quien piensa dedicar su carta.
-Arre, carita ruborizada- comento, nombrando los dos grandes lugares comunes del dialecto fotolog y desatando las risas del grupo. Al menos no parecen quedar rencores insalvables.
En la puesta en común, dos alumnos se animan y leen sus cartas, una destinada a concienciar al Ministerio de Educación sobre la violencia en las aulas (no deja de ser paradojal, creyendo que debería ser el Ministerio quien llame la atención a los alumnos) y otra convocando a la unidad nacional y a la defensa del medio ambiente. Una alumna del grupo con el que acabo de reconciliarme, sin embargo, se lleva toda la atención.
Sin animarse a leer, pasa su carta a otra compañera, que comienza leyendo:
-Carta abierta a mis amigas…
Lo que sigue es una descripción de recuerdos, experiencias, lealtades construidas en toda la secundaria. En pocos minutos, la autora se encuentra llorando y sus amigas se muestran visiblemente emocionadas. Aplaudo y celebro el compromiso puesto en la amistad que construyeron.
Agradezco a los alumnos y a la profesora de curso por el espacio, la atención y la comprensión que tuvieron. Leo la poesía Muchas Gracias, de Paco Urondo, contándoles antes de qué forma su vida y su final se unieron a Walsh. Al terminar, aplauden ellos. Escucho algunos comentarios de alumnos sobre las lecturas y, finalmente, la música termina y el público se retira. Yo también.
Aquí finaliza mi residencia en la tierra. Gracias a quienes la acompañaron y compartieron.