Anónimos

1. adj. Dicho de una obra o de un escrito: Que no lleva el nombre de su autor. U. t. c. s.

El anonimato es un tema complejo. De hecho, el debate se reedita cada cierto tiempo cuando un blog prohíbe (o permite) las identidades anónimas. Los que no somos anónimos sentimos, en el fondo, que tenemos una desventaja: somos responsables plenamente (e incluso penalmente, para encajar un anagrama) de cada cosa que decimos, hacemos o decimos que hacemos. Contra lo que supone Clarín, la blogósfera es más seudónima que anónima: la mayoría de los autores ofrecen enlaces sociales que revelan qué personas son las que escriben los artículos.

2. adj. Dicho de un autor: Cuyo nombre se desconoce. U. t. c. s. m.

¿Y qué pasa con los seudónimos sin identidad asociada? Creo que tienen derecho a expresarse en las condiciones que eligieron. Argumentarán cuestiones de seguridad, libertad o hasta de estilo. Enfrentarán, en algún momento, la renovada falacia ad nonimem: sus ideas no serán reconocidas porque su autor no es posible de ser reconocido. En general las impugnaciones vendrán de generaciones anteriores. Los jóvenes 2.0 ni siquiera se plantean el anonimato como un problema de legitimidad.

3. adj. Com. Dicho de una compañía o de una sociedad: Que se forma por acciones, con responsabilidad circunscrita al capital que estas representan.

Los grupos econónimos que llamamos medios de comunicación recurren desde que nacieron a las editoriales y artículos escritos desde el anonimato. También son anónimos sus accionistas, y por ende, la sociedad que representan. Anónimas son sus fuentes de información y desinformación.

4. m. Carta o papel sin firma en que, por lo común, se dice algo ofensivo o desagradable.

Los afiches con fotografías de periodistas de TN son absolutamente repudiables, y más por su anonimato que por su contenido (inadecuado, por otra parte, si consideramos que muchos de los imputados son los más moderados frente al gobierno). Las Madres también hicieron su propio afiche y realizarán su propio juicio ético y político al periodismo colaboracionista. ¿Cuál es la diferencia? Pusieron su firma, y con ella, toda la legitimidad que les dan años de luchas y de ideas.

5. m. Secreto del autor que oculta su nombre. Conservar el anónimo.

Uno no debe atreverse a exponer la cara de otro si no pone primero la suya es la máxima que rige la comunicación visual, donde no se toleran las lógicas de internet. ¿Tal vez porque un afiche es un objeto físico y las páginas son virtualidad? No lo sé, pero hay toneladas de peso simbólico de diferencia entre un escrache web y uno en la pared. Es probable que los mensajes en papel, graffitis y carteles se consideren violentos porque son parte de la modernidad, mientras que la nube es básicamente posmoderna, y por ende, de identidades disolutas. Esta es mi tesis, y puede parecer contradictoria, pero sostengo que conservar el anónimo es un privilegio de los comentaristas de blogs y un recurso de escritura literaria que, cuando choca con las paredes, se desarma.

4 Comments

  • Foucault, un preclaro:

    “El autor, o lo que he llamado “autor-función”, es indudablemente sólo una de las posibles especificaciones del sujeto y, considerando transformaciones históricas pasadas, parece ser que la forma, la complejidad, e incluso la existencia de esta función, se encuentran muy lejos de ser inmutables. Podemos imaginar fácilmente una cultura donde el discurso circulase sin necesidad alguna de su autor. Los discursos, cualquiera sea su status, forma o valor, e independientemente de nuestra manera de manejarlos, se desarrollarían en un generalizado anonimato.”

    • ¡Qué joya encontraste, Ana! Estas son predicciones, y no los bufidos de Carrió.

  • Es muy bueno lo que marcás. Muchos de nosotros damos nombres parciales o usamos seudónimos, y eso tiene que ver con razones de seguridad, es muy difícil para tipos que laburamos o tenemos actividades que pueden ser afectadas por lo que decimos publicar nuestros nombres reales o datos personales en un medio totalmente desregulado dónde un mal bicho te puede amenazar o empezar a joder. Y eso no nos hace anónimos, yo nunca comentaría anónimo porque eso es una cobardía. Hay muchos comentaristas que no tienen perfil en blogger, pero siempre comentan con el mismo nombre, y tienen su estilo y han adoptado su posición. No soporto el anonimato en ninguno de los sentidos, ni el de cambiar de personalidades ni el ideológico.
    Saludos.

    • Totalmente, por eso distingo el anónimo (alguien con una no-identidad, una identidad cambiante e irreconocible) del seudónimo (una identidad fija que no se relaciona directamente con una persona física, pero puede identificarse como una entidad virual particular).

      La lógica de internet, además, es la lógica de la legitimidad ganada. Hay comentaristas que tienen mucho más peso moral que quienes son fácilmente reconocibles. Es decir, uno no piensa en la web “¿cuál será el apellido real de esa persona?” cuando lee un texto, piensa en si es honesto intelectualmente, si es o no falaz, si es bienintencionado. Esto no vale para la vida real: yo no puedo ir a pegar un texto en la calle sin poner que lo escribí yo, o que lo sostiene mi grupo político. El valor de las ideas fuera de la web sí requiere de esa relación entre autor y texto.

      En el fondo, tal vez sea un cambio de época. Si lo pensamos bien, la mayoría de la sociedad entiende la escritura y la lectura con los mismos principios de Gutenberg. En este sentido, la web sigue siendo una isla, una civilización con reglas propias.

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